Siempre he creído en “la justicia divida”, en el “las cosas siempre pasan por algo”, en ese “nada sucede por casualidad” y en muchas frases más que típicamente utilizamos para descargar ese peso emocional por no haber logrado lo que esperábamos, por la meta u objetivo fallido o por aquello que simplemente ya no sucedió. Cuando todo es poco o nada esperanzador, cuando todo parece perdido y oscuro, cuando el suelo se cimbra bajo los pies y el futuro no parece el mismo, cuando todo se detiene y nada, pero en verdad nada, parece igual.
En esos momentos —pocos hemos vivido esa sensación—, el tiempo parece detenerse, el consuelo interno o externo no es suficiente, los instantes a solas se vuelven tormento cuando la mente da rienda suelta a las imágenes de lo que pudo ser al futuro perdido y al horizonte por siempre alejado, cuando literalmente ni el sol calienta.
También en esos momentos las verdaderas amistades, esos que se dicen cercanos se yerguen para evidenciar empatía, para acompañar las emociones, las catarsis y los ecos silenciosos que sigilosamente se escapan entre reflexiones, lágrimas y desesperanza, es el momento de estar, aunque silenciosamente, pero estar.
Pero como bien apuntaba Marco Aurelio, el emperador filósofo romano, “… no podemos controlar absolutamente nada de lo que sucede a nuestro alrededor, pero sí podemos controlar la forma en que reaccionamos a ello…” y eso, aunque parezca poco, es en extremo poderoso.
Es en estos momentos cuando se muestra el carácter, en la adversidad, cuando las cosas no salen como uno deseaba o cuando después de un esfuerzo incansable los resultados no son los que esperábamos. Es duro, pero es lo que nos queda, el carácter para continuar.
Hoy que #DesdeCabina acompaña a los amigos, a los que no están jugando más ese laberinto de los deseos, en el que muchos se extravían y otros tantos entran para no salir jamás, levanto la mirada y volteo a todos los puntos cardinales para acompañar junto con otros tantos, la labor y derroteros de aquel y aquellos que jugaron y siguen jugando por construir un mejor Querétaro, de esos que en las calles, con los autos, los aviones, la energía, los datos, los emprendedores, el medio ambiente, entre muchos otros temas que nuestro estado ha vivido desde hace más de una década.
Hoy estoy cierto y convencido que esto que hoy vivimos es una señal para fortalecer ese músculo de la vocación, ese amplio listado de razones por las cuales seguir, por las cuales reinventarse y sobre todo por las cuales reaccionar con una energía que fortalezca al equipo, a los que creen, a los que saben que lo correcto es seguir y regresar más grande, más fuerte y más sabio. Querétaro lo vale y merece lideres así. Venga, el maratón aún no termina y aún tenemos pila para rato.
@Jorge_GVR

