Jorge Gutiérrez de Velasco

De regreso a la Luna, y esta vez nos quedamos

La humanidad no va a la Luna a visitarla. Va a instalarse. Y esa diferencia de intención lo cambia todo

Hace poco más de cinco años, en este mismo espacio, compartí mi entusiasmo -y también mi convicción- sobre el Rover Perseverance y su llegada a Marte. Recuerdo haber escrito que voltear al espacio es más una necesidad que un gran sueño.

Poco después, en noviembre de 2022, la NASA lanzó la misión Artemis I -no tripulada- y #DesdeCabina escribí sobre lo que ese momento representaba: el primer paso serio, concreto y documentado del regreso del hombre a la Luna. Hoy, con Artemis II recién concluida, regreso a ese hilo con renovada emoción, permitiéndome una pausa en la serie Ciudad Aeropuerto de Querétaro.

El pasado 1 de abril, cuatro astronautas despegaron desde Cabo Cañaveral a bordo de la cápsula Integrity -así la bautizó la propia tripulación- y completaron el primer sobrevuelo lunar tripulado desde el Apollo 17, hace más de medio siglo. Diez días después, el 11 de abril, amerizaron en el Pacífico frente a las costas de San Diego y horas más tarde aterrizaron en Ellington Field, en Houston, junto al Centro Espacial Johnson, donde fueron recibidos entre aplausos, abrazos y una emoción que, a juzgar por las imágenes, resultó difícil de contener incluso para los más avezados en el protocolo aeroespacial.

Ellington Field -ese lugar que quienes hemos tenido la fortuna de visitar en el contexto de la industria aeroespacial reconocemos como un sitio cargado de historia y de futuro- fue, esta vez, el escenario del reencuentro de cuatro exploradores con su planeta. Lo que me resulta más significativo de todo esto no es el vuelo en sí, extraordinario como es. Es el contraste de propósito con aquello que la humanidad hizo hace más de 50 años. Apollo fue una carrera -geopolítica en el fondo- entre dos superpotencias disputando el prestigio de llegar primero. Artemis es, en cambio, una coalición: más de 40 países vinculados por los Artemis Accords, con cohetes de la NASA, módulos de alunizaje de SpaceX y Blue Origin, trajes espaciales de Axiom Space. El espacio, como casi todo en este siglo, ya no es territorio exclusivo de los estados; es también territorio de las empresas, del talento distribuido y de la colaboración internacional.

Algo que, desde nuestra propia experiencia en el ecosistema aeroespacial de Querétaro, nos resulta no solo familiar, sino profundamente alentador. Y lo que viene, me parece, es aún más relevante. Las siguientes misiones contemplan el inicio de una base permanente en la superficie lunar -semanas, no días, de presencia humana en otro mundo- y a la Luna como plataforma técnica, logística y científica hacia Marte. No como destino final, sino como escala estratégica. La humanidad no va a la Luna a visitarla. Va a instalarse.

@Jorge_GVR

Te recomendamos