Quienes han seguido esta miniserie #DesdeCabina saben que hemos recorrido juntos el origen de un ecosistema singular, sus decisiones más difíciles y la polivalencia que lo distingue de cualquier aeropuerto convencional. Hoy me gustaría detenerme en algo que podría parecer menos épico pero que es, en realidad, el corazón de todo: el modelo de negocio. ¿De dónde vienen los recursos para sostener y escalar una Ciudad Aeropuerto? ¿Cómo se pasa de una entidad pública bien administrada a un ecosistema que atrae y multiplica inversión privada sin perder su esencia? La respuesta, como siempre en los proyectos que perduran, no está en una sola palanca. Está en la arquitectura del conjunto.
Una base pública que da certeza. El AIQ opera con el 75% del capital en manos del gobierno del estado de Querétaro y el 25% restante en Aeropuertos y Servicios Auxiliares (ASA). Este origen parecería una limitante; en la práctica ha sido exactamente lo contrario. La naturaleza pública del AIQ le confiere algo que pocas infraestructuras en México pueden presumir: certeza institucional y blindaje ante los ciclos políticos.
En 2023 obtuvo la calificación "HR AAA" -la más alta posible de HR Ratings-, lo que en el lenguaje del mercado se traduce en una sola palabra: confianza. Y el AIQ, además, no tiene deuda. Para cualquier inversionista privado que evalúa un ecosistema donde participar, eso es música. Un socio público sólido, sin pasivos y con crecimiento sostenido es exactamente el tipo de ancla sobre la que se construyen proyectos de largo plazo.
Dos fuentes de ingreso, un solo propósito. Como cualquier aeropuerto, el AIQ genera recursos desde dos bloques. El primero: lo que pagan las aerolíneas y los pasajeros por volar.
Predecible, regulado, y que crece con el tráfico. En 2025 el AIQ cerró con 2.4 millones de pasajeros -16% más que en 2024- y proyecta alcanzar los 3 millones en 2026.
El segundo bloque es el más estratégico: los ingresos que no vienen del avión, sino de todo lo que el aeropuerto habilita alrededor -comercios, estacionamiento, hoteles, arrendamiento industrial. A nivel global este bloque representa entre el 40 y el 60% del ingreso total de los grandes aeropuertos del mundo. En el AIQ ya se da el primer paso concreto: un nuevo estacionamiento de larga estancia y un hotel de 80 habitaciones en construcción. Primeros ladrillos del modelo que viene.
El ecosistema como el verdadero activo. Lo que distingue al AIQ no es el tamaño de su terminal. Es lo que tiene alrededor: siete parques industriales, más de 30 mil empleos vinculados, una universidad dentro de su polígono y el segundo hangar de mantenimiento aeronáutico más grande de América Latina. Todo eso es valor que el mercado puede leer, valorar y capitalizar. El modelo que viene no es de privatización. Es de asociación estratégica. CONTINUARÁ.