A mis escasas 54 vueltas al sol recuerdo con particular nostalgia aquellos eventos que marcaron mi carrera, mi vida o ambas. Vienen a mi memoria una gran variedad de hitos, de personas, de momentos que significaron instantes de trascendencia, situaciones históricas que además de haber quedado registradas fotográficamente o en algún texto, siguen tan frescas en mis recuerdos como si hubieran sucedido ayer.
Una de ellas, que hoy traigo a este martes #DesdeCabina, es el inicio y impulso inicial del AeroCluster de Querétaro A.C., organización visionada por científicos, académicos y algún otro directivo empresarial en los albores del renacimiento de la industria aeroespacial queretana hacia finales del 2010, cuando el impulso e iniciativas para fortalecer el incipiente ecosistema industrial de manufactura aeronáutica en esta entidad eran variadas y sumamente entusiastas.
En aquellos años, esta organización sin fines de lucro buscaba convertirse, bajo un modelo de polo de competitividad europeo, en una organización que diera una voz más potente a las iniciativas de esa incipiente pero comprometida -y sobre todo visionaria- industria aeroespacial.
El primer presidente de esta organización, fue el Francés Claude Gobenceaux, ejecutivo que silenciosamente participó en el renacimiento de la industria aeroespacial queretana y mexicana dirigiendo el establecimiento de una de las primeras plantas de servicios de mantenimiento y reparación de trenes de aterrizaje que el gran Grupo Francés Safrán estableció en Querétaro.
Claude, o Monsieur Gobenceaux -conocido en el medio-, era un ejecutivo de cepa, de la vieja escuela, desarrollador de talentos, de autoconfianza y discurso férreos, de trabajo exhaustivo buscando influir en una diversidad de temas, no solo desarrollo industrial, sino también arte, educación, multiculturalidad, relaciones internacionales, un gran ejecutivo francés con increíble calidad humana.
Su persona física nos dejó el pasado 21 de febrero, Claude partió de este mundo y muchos a quienes tocó con su vida y obra, lo recordamos y vivirá entre nosotros con gran cariño. Lamento su pérdida como lamento la partida de un compañero con quien discutí, reí y sobre todo disfruté el trayecto e instante de tiempo en el que nos tocó vivir juntos, en el que nos desbordamos por momentos, pero también en el que propusimos estructura, rumbo y sobre todo bases para dar un mejor piso a diferentes actores y organizaciones que habrían de liderar en el mediano y largo plazo, al sector aeroespacial regional y para algunos tópicos específicos, en lo nacional.
La partida de un ser humano entrañable siempre será algo que lamentar, pero cuando ese alguien ha dejado huella, siempre será sinónimo de una gran pérdida para muchos seres físicos y también morales. Muchos extrañaremos a Claude, yo y mis hijos extrañaremos ese “… Hola Johge…” que aventuraba el inicio de una plática, de una discusión acalorada o de un “¿…cómo está la familia…?”. Era un mutuo ritual que compartíamos para ponernos al día, como viejos camaradas, como francos amigos, colegas y conspiradores a veces. Vuela alto amigo y mil gracias por compartir, tanto lo bueno como lo no tan bueno, pero sin duda enriquecedor.

