En diciembre pasado escribí en este espacio sobre el ritmo moderado de crecimiento que mostraba el estado, a partir de la publicación del Producto Interno Bruto por Entidad Federativa, 2024 del Inegi. En ese momento, las cifras confirmaban que la economía queretana seguía creciendo, con una tasa anual de 1.3%, por debajo pero muy cercana al promedio nacional de 1.4%. No había señales de estancamiento, aunque sí indicios de una desaceleración frente a años previos. Ese matiz, que entonces parecía menor, hoy resulta clave para entender los límites de un modelo de crecimiento que ha descansado de manera central en la expansión industrial.

La semana pasada el Inegi publicó nueva información sobre actividad industrial y empleo que permite precisar ese diagnóstico. El crecimiento continúa, pero el ajuste se vuelve más visible cuando se observa el desempeño del estado en comparación con otras economías industriales del país. A nivel nacional, la actividad industrial registró en septiembre de 2025 una contracción anual de –2.3%. El enfriamiento no fue homogéneo. Estados con fuerte tradición manufacturera, como Puebla (–10.0%), Coahuila (–6.6%) y el Estado de México (–3.7%), mostraron caídas más profundas. En contraste, Aguascalientes (5.5%), San Luis Potosí (5.0%) y Jalisco (2.2%) lograron mantener crecimiento industrial anual, apoyados en una estructura productiva más diversificada y con mayor peso relativo de construcción y manufactura.

Querétaro se ubicó en una posición intermedia. La actividad industrial del estado presentó una variación anual de –5.2%, con un dato mensual de 0.0%, lo que indica estabilidad en el corto plazo, pero pérdida de tracción frente al mismo mes del año anterior. No se trata de un colapso, sino de un ajuste que avanza sin estridencia.

El detalle sectorial refuerza esta lectura. Con cifras originales, la actividad industrial total en Querétaro cayó –3.9%anual. La contracción fue particularmente marcada en construcción (–24.4%), mientras que las industrias manufactureras crecieron apenas 1.0%. Minería retrocedió –12.3%, y el componente de energía, agua y gas registró un aumento de 19.5%. Esta combinación explica por qué la industria sigue operando, pero con menor capacidad para impulsar el crecimiento agregado.

Nada de esto implica que Querétaro haya perdido competitividad de manera irreversible. El estado conserva ventajas claras en localización, capital humano e infraestructura. Lo que los datos muestran, al contrastarlos con el panorama nacional, es que la inercia industrial ya no garantiza por sí sola estabilidad ni movilidad.

De cara a la renegociación del TMEC y a un entorno geopolítico más tenso, la perspectiva para Querétaro exige una lectura cuidadosa. La relocalización productiva continuará, aunque bajo criterios más estrictos de certidumbre y contenido regional. En ese escenario, los territorios que dependen de la atracción pasiva de inversión enfrentan mayores límites. Como se ha mencionado antes en este espacio, el reto para Queréatro está en fortalecer capacidades locales, encadenar proveedores y elevar el contenido tecnológico de su producción. La pregunta ya no es si llegarán inversiones, sino qué tipo de proyectos podrán sostenerse en un contexto más selectivo.

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