Iliana Padilla

Mujeres trabajadoras en Querétaro

¿Qué condiciones hacen posible que más mujeres participen, permanezcan y lideren en las organizaciones?

Cada 8 de marzo muchas oficinas se pintan de morado. Los logotipos cambian de color, aparecen mensajes institucionales sobre igualdad y se multiplican los discursos sobre el compromiso con las mujeres. En algunos casos, ese gesto se queda ahí. Un gesto simbólico que dura un día y que, en la literatura crítica, suele describirse como purplewashing: la adopción de símbolos feministas sin modificar de fondo las condiciones en las que viven y trabajan las mujeres.

La distancia entre los gestos simbólicos y la vida cotidiana de muchas trabajadoras sigue siendo amplia. En Querétaro, el mercado laboral mantiene brechas importantes: en el cuarto trimestre de 2025 la tasa de participación económica fue de 62.89%, pero al observarla por sexo la diferencia es clara: 77.09% en hombres y 50.84% en mujeres (INEGI, 2025). Las jornadas laborales forman parte de esta desigualdad. El promedio semanal fue de 45.8 horas en hombres y 39.9 en mujeres, y 316,895 personas trabajan más de 48 horas, en su mayoría hombres. Estas dinámicas suelen favorecer a quienes pueden permanecer más tiempo en la oficina o extender su jornada sin restricciones, lo que algunos estudios llaman greedy jobs: empleos que recompensan la disponibilidad total de tiempo y penalizan las responsabilidades familiares.

En este contexto, muchas mujeres enfrentan la presión de sostener simultáneamente su trabajo y las tareas de cuidado. Los datos lo muestran con claridad: en Querétaro 528,491 mujeres se encontraban en la población no económicamente activa, y 434,093 señalaron que no trabajan por atender otras obligaciones del hogar o familiares. Incluso 17,252 mujeres indicaron que sí tienen interés en trabajar pero enfrentan condiciones que se lo impiden, entre ellas la falta de apoyo para el cuidado de niñas, niños o personas mayores (INEGI, 2025). El mercado laboral sigue funcionando bajo la premisa implícita de que alguien se encarga del cuidado, y en la mayoría de los casos ese “alguien” siguen siendo las mujeres.

Este contexto también ayuda a explicar por qué las mujeres enfrentan mayores obstáculos para acceder a puestos directivos. Los espacios de liderazgo suelen estar asociados a trayectorias laborales continuas, jornadas extensas y disponibilidad permanente. Para muchas mujeres, especialmente para quienes son madres, esto implica negociar constantemente entre las exigencias del trabajo y las responsabilidades familiares. No se trata de una falta de talento o de preparación. Se trata de estructuras laborales que siguen pensadas para trayectorias profesionales sin interrupciones y con una disponibilidad total de tiempo.

Querétaro ha construido una economía dinámica en las últimas décadas. Pero el futuro de esa economía también depende de la forma en que se reconozca y se reorganice el trabajo de cuidados. Mientras las jornadas extensas, la escasa tolerancia hacia las responsabilidades familiares y los modelos laborales basados en disponibilidad absoluta sigan predominando, muchas mujeres continuarán enfrentando obstáculos que van más allá de su esfuerzo individual.

Cada 8 de marzo las oficinas pueden volver a pintarse de morado. Pero la conversación relevante empieza cuando se mira la estructura del trabajo cotidiano y se pregunta, con honestidad, qué condiciones hacen posible que más mujeres participen, permanezcan y lideren dentro de las organizaciones.

Académica de la UNAM

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