Querétaro es un estado con diversidad sexual y de género, y esa realidad ninguna fuerza política podrá negarla. La ENDISEG 2021, encuesta del Inegi, ubicó a nuestro estado con el tercer porcentaje más alto de población LGBT+ del país y con una proporción superior al promedio
nacional. Así, en una entidad donde cada vez resultan más visibles distintas formas de amar, vivir y reconocerse, el veto del gobernador Mauricio Kuri a la ley de identidad de género avivó una discusión que rebasó el ámbito legislativo, tomó fuerza en medios y redes sociales, y este fin de semana se expresó en las calles durante la Marcha del Orgullo, con manifestaciones intensas y una asistencia superior a 8 mil personas, de acuerdo con reportes de medios locales.
Más allá de las discusiones ideológicas y del necesario reconocimiento de los derechos humanos, en este texto propongo observar la diversidad en Querétaro desde otro terreno, uno que el estado suele reivindicar con frecuencia: la competitividad urbana, la atracción de talento, la innovación y la calidad de vida. Y es que la entidad ha construido una narrativa basada en industria avanzada, servicios especializados e inversión internacional, y justamente por eso me parece necesario reflexionar cómo las ciudades que participan en una economía del conocimiento requieren entornos donde las personas pueden desarrollar sus proyectos profesionales con certidumbre.
La evidencia internacional vincula inclusión y competitividad urbana. El Open for Business City Ratings 2025 analizó 149 ciudades y encontró que aquellas con mayor inclusión LGBTQ+ registran cuatro veces mejor desempeño en capital humano, el doble de innovación y 2.5 veces más emprendimiento que las menos incluyentes, mientras otros estudios muestran que las barreras a la participación plena generan costos económicos por menor productividad, pérdida de talento, deterioro en salud y salida de personas calificadas. Esta relación importa, porque las ciudades que ofrecen mejores condiciones para vivir y trabajar atraen más talento, retienen capacidades y amplían sus posibilidades de crecimiento (Open For Business, 2025; World Economic Forum, 2022; Badgett et al., 2019; Ostry, 2025).
Por eso, si a nuestros gobiernos les interesa sostener la competitividad, esta coyuntura podría servir para elevar la discusión, reconocer la diversidad sexo-genérica y asumir que una ciudad competitiva también necesita instituciones incluyentes y reconocimiento pleno para todas las personas. el verdadero reto está en construir reglas, presupuestos, servicios, espacios laborales seguros y políticas que garanticen participación, dignidad y condiciones reales para desarrollar proyectos de vida.