Elecciones 2027: el reto de gobernar territorios desiguales
En México persiste una idea que atraviesa con frecuencia las discusiones públicas sobre el gobierno: que para administrar un estado o un municipio basta con tener buena voluntad. La política suele presentarse como una actividad donde la intención pesa más que el conocimiento. No obstante, la realidad de los territorios muestra algo distinto. Gobernar implica tomar decisiones sobre problemas cada vez más complejos, ejemplos de ellos son la inseguridad, la falta de provisión de agua, la gestión de residuos y la expansión urbana poco sustentable. Nadie espera que una persona mandataria sea un “sabelotodo”. Pero sí se pensaríamos que debe entender la multidimensionalidad de los problemas que enfrenta y que se rodee de equipos profesionales que han dedicado años a formarse, investigar y comprender cómo funcionan las instituciones públicas y los territorios que administran.
El desarrollo regional en México es un buen ejemplo de esa complejidad. El país está conformado por regiones profundamente diversas. Algunas zonas concentran inversión, infraestructura y crecimiento poblacional; otras enfrentan rezagos históricos, dispersión territorial o limitaciones para integrarse a las dinámicas económicas.Querétaro no es ajeno a estas diferencias, al interior del estado conviven territorios con trayectorias económicas y sociales muy distintas. La zona metropolitana de Querétaro concentra buena parte del crecimiento económico y las inversiones. En contraste, la Sierra Gorda enfrenta desafíos relacionados con la falta de infraestructura, la provisión de servicios y la conservación ambiental. Entre ambos extremos se encuentra la región del semidesierto queretano, donde las condiciones climáticas, la disponibilidad de agua y las oportunidades económicas plantean retos particulares para el desarrollo local. Estas diferencias territoriales también se reflejan en las capacidades institucionales de los municipios. No todos cuentan con los mismos recursos administrativos, técnicos o financieros para enfrentar los desafíos.
El escenario político hacia las elecciones de 2027 ha estado generando expectativas de cambio. El desgaste acumulado por los señalamientos de corrupción, el incremento en la percepción de inseguridad entre la población y diversas demandas sociales que no han encontrado respuesta crearon descontento con los gobiernos panistas. En distintos análisis políticos se comienza a señalar que Morena podría perfilarse para obtener una victoria amplia en el estado e incluso ganar un número importante de municipios.
Sin embargo, el cambio político por sí mismo no garantiza una transformación en la manera de gobernar. La experiencia reciente en distintas entidades del país muestra que la alternancia partidista no resuelve automáticamente los problemas de la gestión pública. Si el próximo ciclo político no se acompaña de una apuesta por integrar a los mejores talentos locales, por vincular a los gobiernos con la academia y por construir puentes con los sectores de la sociedad civil organizada, e integrar las voces que históricamente no han sido escuchadas, las desigualdades territoriales seguirán presentes. Gobernar territorios diversos exige esquemas de gobernanza más abiertos, con decisiones informadas, con mayor cercanía con la población y con instituciones capaces de aprender y mejorar sus propias prácticas. De lo contrario, el color del gobierno puede cambiar, pero los problemas que enfrentan los municipios queretanos seguirán siendo los mismos.