Iliana Padilla

El siguiente reto del modelo queretano

Querétaro tiene mejores condiciones laborales que buena parte del país y eso merece reconocerse. En el último año disminuyeron tanto la informalidad como la pobreza laboral: en el primer trimestre de 2026, la informalidad fue de 39 por ciento y la pobreza laboral cayó 8.7 puntos porcentuales respecto al mismo periodo del año anterior, según INEGI. Pero estos resultados abren una pregunta más precisa: ¿qué estamos construyendo a partir de esos empleos y cuánto de ese crecimiento puede sostenerse desde la propia región?

La industria es fundamental para entenderlo. Durante años, Querétaro ha atraído empresas automotrices, aeroespaciales y de otros sectores manufactureros que generan empleo, y demandan proveedores. Sin embargo, para hablar de desarrollo regional importa mirar qué ocurre después de que una empresa se instala: qué actividades realiza aquí, qué tipo de empleos genera, cuánto conocimiento incorpora a su personal y qué posibilidades tienen las empresas locales de participar en procesos cada vez más complejos. La inversión puede traer tecnología, procesos de producción y nuevas formas de organización, aunque esos beneficios dependen de la capacidad que exista en la región para aprender de ellos y aprovecharlos.

También hay que considerar para qué mercado se organiza buena parte de esa producción. En 2024, alrededor de 80 por ciento de las exportaciones queretanas tuvo como destino Estados Unidos y, en junio de 2026, la proporción llegó a 82.8 por ciento. Esto muestra una integración muy profunda con la economía norteamericana. El TMEC ha sido una ventaja para atraer capital y ampliar la producción, aunque significa que cambios en aranceles, reglas de origen o en las propias estrategias de las empresas multinacionales pueden modificar decisiones sobre nuevas plantas, ampliaciones o contratación. Por eso, cuando se propone diversificar mercados, conviene reconocer que no se trata simplemente de buscar otros países donde vender. Muchas cadenas fueron diseñadas durante décadas para abastecer a Estados Unidos y las filiales instaladas aquí responden también a decisiones corporativas tomadas fuera de México. Diversificar implica entonces desarrollar productos y empresas con mayor capacidad propia, capaces de competir bajo otras normas, costos y condiciones de demanda. En ese sentido, la posibilidad de reducir la vulnerabilidad externa depende menos de sustituir un mercado por otro y más de fortalecer las capacidades productivas y tecnológicas que permitan a Querétaro competir en distintos espacios con mayor autonomía.

Ahí está, me parece, el siguiente reto. Querétaro necesita convertir décadas de inversión extranjera e integración productiva en capacidades que permanezcan en la región. Eso significa aumentar la capacidad de absorción de tecnología y conocimiento, fortalecer los encadenamientos con empresas locales, generar empleo especializado e impulsar innovación propia.

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