Antes de criticar una ley, hay que leerla. Y esta, casi nadie la leyó.
Hay ocasiones en que la política mexicana parece competir por ver quién inventa el mejor meme. Esta vez pasó algo más curioso: convirtieron una reforma legal en meme antes de explicar de qué se trataba.
La bautizaron como la "Ley Antimemes".
Suena escandaloso. Suena a censura. Suena a que mañana alguien hará una caricatura de la Presidenta y terminará en la cárcel.
El problema es que eso no dice el texto que aprobó el Senado.
Lo que sí dice
La reforma a la Ley Federal de Protección a la Propiedad Industrial y al Código Penal Federal, según el Canal del Congreso, busca fortalecer la propiedad intelectual, combatir la piratería y la falsificación y, entre otras cosas, sancionar el uso fraudulento de la identidad gráfica de instituciones públicas.
El polémico artículo 403 Bis establece de uno a cinco años de prisión y multas de mil a diez mil UMA (de unos 117 mil a 1.17 millones de pesos) para quien, a escala comercial, use, reproduzca, imite o incorpore la identidad gráfica, los dominios electrónicos o los documentos oficiales de instituciones públicas para inducir al error o engaño con la intención de cometer un ilícito.
Esas palabras importan.
Una cosa es hacer un meme del gobierno: ácido, incómodo, crítico o divertido. Otra muy distinta es crear una página que parezca oficial, usar logotipos institucionales y engañar a alguien para sacarle dinero o cometer un delito.
La presidenta Claudia Sheinbaum ha dicho expresamente que la reforma no pretende prohibir memes, sino proteger la propiedad intelectual y frenar usos comerciales indebidos.
¿Entonces por qué la polémica?
La oposición sostiene que conceptos como "identidad gráfica institucional" o "a escala comercial" podrían interpretarse de forma demasiado amplia y poner en riesgo la sátira, la caricatura o la crítica política.
Esa preocupación existe y merece discutirse en serio. Especialistas citados por Prensa Ibero reconocen que la nueva redacción redujo bastante ese riesgo, aunque recomiendan excepciones todavía más explícitas.
Pero discutir cómo mejorar una ley es una cosa. Afirmar que hacer un meme te lleva directo a prisión es otra.
No es lo mismo.
Lo que está en juego
México necesita libertad de expresión, mucha crítica y, por supuesto, mucho humor político.
También necesita proteger a la gente de quienes usan las herramientas digitales para hacerse pasar por una institución, inventar apoyos de gobierno, falsificar documentos o engañar para obtener un beneficio.
La libertad de expresión debe protegerse.
El fraude, no.
Quizá por eso deberíamos dejar de llamarla "Ley Antimemes" y empezar a discutirla por lo que realmente dice.
Combatir una ley imaginaria genera muchos likes.
Leer la verdadera, quizá menos.
Pero ayuda mucho más a la ciudadanía.