Sostengo con firmeza que la reforma al Poder Judicial no es, como algunos sugieren, un simple expediente técnico exclusivo para los escritorios de los especialistas. Estoy convencido de que nos encontramos ante una sacudida necesaria a uno de los pilares fundamentales del Estado de Derecho. Lo digo claro y sin rodeos: lo que realmente está en juego en este momento es la confianza de la gente en sus propias instituciones.
A nivel nacional, observo que la ruta de la Cuarta Transformación tiene una brújula definida: la urgencia de sacudirse el polvo de un modelo que, por décadas, percibí como lejano, elitista y ajeno al ciudadano de a pie. Mi postura no es la de debilitar, sino la de legitimar. Considero que durante años el Poder Judicial se mantuvo como una torre de marfil; hoy, me uno al reclamo social que exige que esa torre, finalmente, abra sus puertas.
Querétaro, bajo mi perspectiva, no puede ni debe ser la excepción. En nuestra entidad, el debate no debe darnos miedo, sino que debe ocuparnos de manera prioritaria. Pero soy enfático en esto: la adaptación al contexto local no puede ser un simple "copy-paste". Desde mi visión, esto nos exige una responsabilidad profunda, reconocer nuestra madurez jurídica y, sobre todo, tener la disposición de escuchar a quienes mantienen vivo el sistema legal del estado.
Hay que ser contundentes: esta reforma no la concibo construida a punta de decretazos, sino con la fuerza del diálogo. Recientemente, mi encuentro con la FECAQ reforzó esta convicción. Para mí, no fue un trámite burocrático ni una simulación para la foto; fue un ejercicio real de escucha con el gremio jurídico que me permitió palpar las necesidades del sector.
Parto de una premisa personal: transformar no es destruir; reformar es fortalecer lo que por años se dejó en el olvido. Entiendo que las y los abogados y académicos aportan la técnica necesaria, pero es el ciudadano quien pone la realidad sobre la mesa. Esa realidad, que lamento profundamente, de procesos eternos y costos impagables que han terminado por convertir la justicia en un lujo.
Mi meta es que la justicia en Querétaro sea pronta, reduciendo la burocracia para dar paso a la resolución. Debe ser humana, actuando con sensibilidad social y no solo con un rigor frío. Y, sobre todo, debe ser accesible, para que el derecho sea un patrimonio de todos y no solo de quien tenga el capital para pagarlo.
Mantengo un compromiso claro: Querétaro tiene ante sí la oportunidad histórica de ser el ejemplo nacional de cómo aterrizar una reforma con inteligencia y consenso. Sé que el reto es grande, pero mi voluntad de transformar para mejorar es aún mayor.
Al tiempo.

