Homero Barrera McDonald

El costo invisible de convertir a Querétaro en una potencia tecnológica

Querétaro está viviendo una transformación económica que podría marcar su futuro durante las próximas décadas. Nuestro estado se ha convertido en uno de los principales destinos para la instalación de centros de datos, infraestructura indispensable para el funcionamiento de la inteligencia artificial, las plataformas digitales, los servicios financieros y buena parte de la economía moderna.

La llegada de estas inversiones representa una oportunidad importante. Hablamos de capital, innovación, empleos especializados y nuevas posibilidades para posicionar a Querétaro en el escenario tecnológico internacional.

Sin embargo, detrás de los anuncios de inversiones multimillonarias existe una pregunta que debemos poner sobre la mesa: ¿cuánto nos va a costar este crecimiento y quién terminará pagando ese costo?

Porque el desarrollo económico no solamente debe medirse por los millones de dólares que llegan a nuestro estado, sino también por los recursos que consume, la infraestructura que necesita y los beneficios reales que deja a la población.

Y en Querétaro hay un recurso que merece especial atención: el agua.

Durante años, nuestro estado ha enfrentado importantes desafíos relacionados con el abastecimiento, la disponibilidad y la distribución del agua. El crecimiento urbano, industrial y poblacional ha incrementado la presión sobre un recurso que es indispensable para las familias, el campo y las actividades productivas.

En este contexto, la expansión de los centros de datos abre un debate que no podemos seguir postergando.

Estas instalaciones requieren grandes cantidades de energía eléctrica y sistemas de enfriamiento para mantener funcionando miles de servidores. Dependiendo de la tecnología utilizada, algunos sistemas pueden consumir cantidades significativas de agua, mientras que otros emplean alternativas que reducen considerablemente su utilización.

Por eso, sería incorrecto afirmar que todos los centros de datos tienen el mismo impacto ambiental. Pero también sería irresponsable autorizar nuevos proyectos sin conocer con precisión sus necesidades y consecuencias.

¿Cuánta agua necesitará cada instalación? ¿De dónde se obtendrá? ¿Se utilizará agua potable, tratada o sistemas de recirculación? ¿Qué impacto tendrá sobre los acuíferos?

Y hay otra pregunta igual de importante: ¿quién pagará la infraestructura hidráulica y eléctrica necesaria para sostener estas inversiones?

Porque una cosa es atraer empresas y otra muy distinta es garantizar que los costos de su instalación y operación no terminen trasladándose injustificadamente a los recursos públicos o a las familias queretanas.

También debemos hablar de transparencia.

La información sobre el consumo de agua de estas instalaciones debe estar disponible para la ciudadanía y las autoridades competentes. No basta con conocer cuánto dinero se invertirá o cuántos empleos se anuncian. Necesitamos saber cuáles serán sus necesidades de recursos naturales, qué medidas de mitigación se implementarán y cómo se supervisará el cumplimiento de sus compromisos ambientales.

Esperar a que las instalaciones estén operando para conocer sus impactos puede limitar nuestra capacidad de prevenir problemas.

La planeación debe comenzar antes de autorizar, no después de que aparezcan las consecuencias.

Quiero ser muy claro: no se trata de estar en contra de la inversión privada ni de cerrar las puertas al desarrollo tecnológico.

Querétaro necesita inversiones, innovación y empleos bien remunerados. Pero también necesita reglas claras, información pública y una visión de largo plazo que permita conciliar el crecimiento económico con la protección de nuestros recursos naturales.

Las empresas, las autoridades y la sociedad tenemos responsabilidades distintas, pero compartimos un mismo interés: que Querétaro siga siendo un estado con oportunidades para las próximas generaciones.

Por eso, el debate no debería reducirse a cuántos centros de datos podemos atraer, sino a qué condiciones debemos establecer para que su crecimiento sea verdaderamente sostenible.

Necesitamos conocer el impacto acumulado de estas instalaciones, fortalecer la planeación hídrica y energética, promover tecnologías que reduzcan el consumo de agua y garantizar que las inversiones contribuyan al desarrollo de las comunidades donde se establecen.

El éxito económico de Querétaro no puede medirse únicamente por su capacidad para atraer capital. También debe reflejarse en la calidad de vida de sus habitantes, en la disponibilidad de servicios públicos y en la preservación de los recursos que sostienen nuestro futuro.

Porque de poco serviría convertirnos en una potencia tecnológica si al mismo tiempo aumentamos la presión sobre el agua que necesitan nuestras familias.

El verdadero desafío no es elegir entre tecnología y medio ambiente. Es demostrar que podemos avanzar en ambos sin comprometer el futuro.

Querétaro tiene la oportunidad de convertirse en un referente tecnológico, pero también de construir un modelo de desarrollo que coloque la transparencia, la responsabilidad ambiental y el bienestar de las personas en el centro de las decisiones.

Porque el progreso no solamente se mide por lo que construimos hoy, sino también por lo que somos capaces de preservar para mañana.

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