Homero Barrera McDonald

Dos obras, dos maneras de gastar el dinero público

Hay cifras que explican mejor que cualquier discurso la diferencia entre dos maneras de entender el servicio público. En Querétaro tenemos frente a nosotros un contraste que merece, cuando menos, una explicación.

Tomemos dos proyectos: Paseo 5 de Febrero y el Tren México–Querétaro.

El Tren México–Querétaro contempla 226 kilómetros de doble vía y una inversión estimada de 144 mil millones de pesos. Al dividir, el resultado es de aproximadamente 637 millones de pesos por kilómetro.

Hagamos el mismo ejercicio con Paseo 5 de Febrero. Con un costo cercano a 7 mil 500 millones de pesos para 6.5 kilómetros intervenidos, cada kilómetro habría representado alrededor de 1,154 millones de pesos.

Sí: más de mil millones de pesos por kilómetro. Bajo esas cifras, un kilómetro de Paseo 5 de Febrero resulta aproximadamente 81% más caro que un kilómetro del Tren México–Querétaro.

Y aquí viene la pregunta que los queretanos tenemos derecho a hacer: ¿cómo puede costar proporcionalmente mucho más intervenir una avenida que construir un sistema ferroviario de pasajeros de más de 200 kilómetros?

Por supuesto que no son obras técnicamente equivalentes. Comparar el costo por kilómetro no sustituye un análisis de ingeniería: cada proyecto incorpora conceptos, estructuras y alcances

diferentes. Pero precisamente por eso el dato debe provocar preguntas, transparencia y rendición de cuentas, no silencio.

Paseo 5 de Febrero acumuló retrasos, molestias durante su construcción y cuestionamientos sobre sus costos. Incluso autoridades estatales han reconocido auditorías y posibles sanciones relacionadas con la ejecución de la obra.

Del otro lado está una inversión federal que busca recuperar el transporte ferroviario de pasajeros, conectar a Querétaro con la capital del país y construir 226 kilómetros de infraestructura.

No se trata solamente de cuánto se gasta. Se trata de qué recibe la ciudadanía por cada peso público invertido. Mientras la Cuarta Transformación apuesta por infraestructura regional y proyectos que conectan ciudades y generaciones, en Querétaro debemos exigirle al gobierno estatal que explique con absoluta claridad por qué su obra emblemática alcanzó esos niveles de costo.

Porque administrar bien no consiste en presumir cuánto dinero se gastó. Consiste en demostrar cuánto beneficio público se produjo con ese dinero.

La transparencia no es un favor que estamos pidiendo, son cuentas claras que el Gobierno del Estado nos debe a todas y todos losqueretanos.

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