Un informe de gobierno puede llenarse de números, porcentajes y grandes anuncios. Pero para quienes recorremos las colonias, hay una pregunta mucho más sencilla: ¿qué de todo eso está llegando a las familias?
El Segundo Informe de la presidenta Claudia Sheinbaum permite mirar el bienestar desde esa perspectiva.
Tomemos como ejemplo la Pensión para el Bienestar de las Personas Adultas Mayores. Más de 13.7 millones de personas reciben actualmente 6,400 pesos bimestrales.
En el papel es una cifra enorme. En la vida real tiene otros nombres: la abuela que puede comprar sus medicamentos, el abuelo que aporta para el gasto de la casa o la familia que tiene un poco menos de presión económica al final del mes.
Y eso también sucede en el Distrito 2 de Querétaro.
Porque cuando hablamos de una pensión no hablamos únicamente de una persona beneficiaria. Hablamos de toda una familia. Ese recurso termina muchas veces en la farmacia, en la tienda de la esquina, en el mercado o en algún pequeño comercio de la colonia.
Lo mismo ocurre con la Pensión Mujeres Bienestar, que reconoce a mujeres de 60 a 64 años con un apoyo de 3,100 pesos bimestrales y que hoy llega a 2.8 millones de beneficiarias. Es un paso importante para reconocer el trabajo que durante décadas realizaron millones de mujeres, muchas veces sin remuneración y sin seguridad económica propia.
A estos dos programas se suma la Pensión para Personas con Discapacidad Permanente, con 3,300 pesos bimestrales para 2 millones de beneficiarios. Entre las tres, hoy son más de 18.5 millones de personas con una pensión directa del Bienestar.
Pero también hay que decirlo: un programa social no resuelve por sí solo todos los problemas de una familia.
En nuestras colonias todavía encontramos calles que necesitan atención, problemas de alumbrado, inseguridad, falta de agua y muchas otras necesidades que no pueden esperar.
Ahí está precisamente el reto de quienes tenemos una responsabilidad pública: que los avances que se anuncian a nivel federal también se traduzcan en soluciones concretas en el territorio.
Desde el Congreso no podemos sustituir a las autoridades responsables de cada servicio, pero sí podemos escuchar, gestionar, acompañar y exigir que las necesidades de la gente sean atendidas.
Por eso, para mí, el verdadero valor de un informe no está solamente en lo que se dice desde un atril.
Está en lo que una familia puede sentir en su propia casa.
Si una pensión ayuda a que un adulto mayor viva con mayor tranquilidad, si una beca evita que un joven abandone sus estudios o si un programa permite que una mujer tenga un ingreso propio, entonces estamos hablando de políticas públicas que sí tienen rostro.
El bienestar se demuestra cuando llega a las colonias, cuando entra a los hogares y cuando mejora, aunque sea un poco, la vida de las familias.
Ese es el desafío: que los derechos y programas que hoy se construyen desde la transformación se conozcan, lleguen a quien los necesita y se sientan también aquí, en Querétaro y en cada colonia del Distrito II.