Gerardo Fernández Noroña cumplió bien el papel encomendado por el expresidente Andrés López Obrador, quien lo hizo senador plurinominal y presidente de la mesa directiva del Senado. Durante un año se dedicó a dividir, increpar, ofender, agredir y manipular las sesiones plenarias y las de la Comisión Permanente. Generó un verdadero desorden legislativo, imperó el caprichoso autoritarismo en el manejo de la agenda legislativa. Como nunca, hasta el final del periodo que le tocó presidir, el provocador profesional hizo perder la autoridad del Poder que representa a los estados de la República Mexicana. Muchos confunden, empezando por los mismos senadores, la representación que ostentan como senadores; los diputados representan a la población, en tanto que los senadores a los estados. Aunque, con el desorden de la representación plurinominal, hay senadores, como Fernández Noroña, que no representan a ningún estado de la República, quien, de acuerdo a la doctrina de la representación popular, no representa a nadie.

El problemático y caótico de Fernández Noroña, generó cuanto conflicto pudo en el Senado; además de abusar del poder que le dio la presidencia de la mesa directiva. Presupuestalmente quedó demostrado que contrató a un séquito de “ayudantes”, quienes, si bien reciben su salario del presupuesto del Senado, nada hacen en beneficio de la institución, como el señor que subió a la mesa directiva -en la clausura del periodo de receso- para proteger o intentar defender a su empleador cuando este fue increpado por el senador Alejandro Moreno Cárdenas; ese sujeto, empleado de Gerardo -le maneja las redes sociales a Fernández Noroña-, no es empleado de la Cámara de Senadores; el mismo presidente de la permanente -hasta hoy- lo usó para pretender engañar a todos, haciendo creer que había sido lesionado por “Alito”, cuando fue empujado y aquel cayó al suelo; después apareció en medios con “collarín y un cabestrillo de venda, mal hecho y mal puesto; todo para intentar configurar el delito de lesiones y denunciar al agresor ante el ministerio público por lesiones, luego promover el desafuero. Todo un teatro de carpa.

El soez del presidente de la mesa directiva -por mencionar un asunto de odio puro- en tribuna aludió a la senadora Lilly Téllez, quien públicamente ha solicitado el apoyo de los EUA, para combatir a los carteles mexicanos. Fernández la acusó de traición a la patria, que merecía -literalmente- ser fusilada en el Cerro de las Campañas, por traidora; como si no tuviéramos suficientes hechos de sangre tras casi 250 mil homicidios en los gobiernos de la Cuarta Transformación. Incitación a la violencia desde la tribuna del Senado, para que cualquier delincuente atente en contra de la vida de la senadora. A ese extremo fue el comportamiento de quien debió ser conducto dúctil y maleable de armonía, de la toma de acuerdos parlamentarios e impulso a la civilidad. Sin embargo, el senador hizo todo lo contrario, emulando, cual símil, al expresidente López Obrador, quien diariamente se encargaba de dividir a los mexicanos en sus mañaneras de adoctrinamiento político.

De tal suerte que no parece haber sido una simple casualidad el comportamiento de Gerardo Fernández Noroña al frente de la mesa directiva del Senado; por el contrario, fue un acto premeditado y armado desde Palacio Nacional, toda vez que el mismo AMLO fue quien lo designó para ese “honroso” cargo; bien pudo haber puesto a cualquier otro u otra persona al frente de la mesa directiva; no, el expresidente debía nombra a un incendiario, que estuviera acostumbrado a generar caos y que mejor que el rupestre y agresivo de Gerardo Fernández Noroña, para ese deleznable papel; nadie mejor que ese sujeto que toda su vida se ha caracterizado por llevar esa vida de indisciplina y agresión social.

Este día culmina la pesadilla en el Senado. Fernández, sin embargo, deja la mesa directiva e inicia un pesado proceso de descrédito social y denuncias. Porque, a la par, le fueron descubiertos actos que hacen presumir la comisión de hechos delictivos. Resulta que el senador es propietario, así lo dijo públicamente, de un inmueble cuyo costo asciende a los 12 millones de pesos, cifra que no cuadra con sus emolumentos; que la adquirió, dijo, a crédito, mas no ha podido demostrarlo; además el enorme inmueble fue construido en tierras ejidales y de reserva ecológica ¿Lo defenderá la presidente Sheinbaum? Periodistas han probado que el senador recibe donaciones de personas imposibles de rastrear; cuando que, los funcionarios tienen prohibido recibir donaciones en dinero o en especie. El senador no declara las donaciones que en conjunto ascienden a muchos miles de pesos mensualmente ¿Acaso usará el mismo argumento de AMLO? Sí, cuando este confesó públicamente que se mantuvo varios años gracias a las donaciones que recibió. No fue sancionado, la libró a pesar de haber cometido delito fiscal ¿Fernández Noroña utilizará la misma defensa en su favor?

Al verse literalmente acorralado por periodistas y medios de comunicación, el senador Gerardo Fernández Noroña, quedó al desnudo, no solo como un agresivo provocador profesional; también como un presunto delincuente que trafica influencias con el abuso de poder en su beneficio; hace unos años él se dijo ser “pobre” y mostró la vecindad donde vivía, que se mantenía con la venta de libros; ahora resulta que es millonario y presume su riqueza ¿Burló al SAT o es consentido de Hacienda? El colmo de su cinismo, denunció a la periodista Azucena Uresti, de ser propietaria de un departamento de 12 millones d pesos, lo cual resultó mentira; además divulgó el domicilio de la periodista, de suyo sumamente peligroso para la seguridad de la comunicadora. Conclusión, el senador cumplió con su encomienda; al final salió sumamente golpeado, no por los manotazos de su homólogo Alejandro Moreno; no, todo derivado de su reiterada actuación abusiva, prepotente, agresiva y delincuencial.

Google News