Gustavo Mendoza Ávila

¿Y Superioridad Moral?

Ahora resulta que en la superioridad moral de los morenistas, los corruptos son mejores que los no corruptos; que los mentirosos son mejores que los que no mienten; los traicioneros, mejores que los leales; la deshonestidad, mejor que la honestidad; que es mejor vigilar a los ciudadanos que a gobernantes corruptos; que las autoridades tienen el derecho de cometer errores o acarrear beneficiarios a sus eventos, con cargo al erario, y los ciudadanos la obligación de aplaudirles; que Presidencia puede extraditar delincuentes violando sus derechos, pero no entregar narcopolíticos legalmente reclamados; que vale más la complicidad que la honestidad. Amparados en la “superioridad moral” del “no somos iguales”, tienen el derecho -y hasta el deber- de mentir, robar, traicionar, calumniar y encubrir, sin que la ética los límite.

El error social ha sido tolerar la corrupción de los gobernantes, ser indiferentes a sus mentiras, intercambiar la dignidad por dádivas, no exigir políticos éticos, ni supervisarlos y exigirles cuentas.

A diferencia del ciudadano, el político requiere vivir bajo la lupa pública para conocer su capacidad y eficacia para discernir qué es lo que el bien común exige en cada momento histórico, y lograrlo. Los alcances de la política están, en buena medida, en función de lo que la sociedad sea capaz de exigirle. La deserción cívica es el peor cáncer de un país.

En la toma de posesión de AMLO, éste se comprometió a acabar "con la corrupción y con la impunidad que impiden el renacimiento de México", que su gobierno convertiría, dijo, "la honestidad y la fraternidad en forma de vida y de gobierno"; desterrar nepotismo, amiguismo y compadrazgo; transparencia en contratos y licitaciones públicas; salud universal en todo el país; hacer de México "una potencia económica mundial" y poner fin a la violencia y la pobreza, entre otros compromisos.

Instruyó a los secretarios de su gobierno a "no permitir bajo ninguna circunstancia la corrupción, el influyentismo, el amiguismo, el nepotismo", incluyendo "esposa, hijos, hermanos, primos, tíos, cuñados, nueras, concuños y demás miembros de su familia cercana o lejana". En agosto de 2019, con su pañuelito blanco, afirmó: "ya no hay corrupción arriba". En Puebla, reiteró: "Ya puedo decirles aquí con la frente en alto, viéndolos a los ojos, de que ya se acabó la corrupción.”

Y, lo que son las cosas, un año después apareció el caso de corrupción más grande de la historia hasta entonces: el desvío de más de 15 mil millones de pesos en Segalmex; familiares de sus cercanos en puestos de la administración pública; el huachicol fiscal -que toca a “Andy”- rompe récord mundial: 740 mil millones de pesos; el financiamiento del narco a las campañas presidenciales de AMLO, en 2006, 2012 y 2018, y a las de gobernadores, en 2021; fuego amigo destapó los vínculos de Adán Augusto con el CJNG (Rocha Moya con el Cártel de Sinaloa); la corrupción en las obras insignia ha dejado muertos, descarrilamientos, incendios, etc., y millonarios.

Recientemente se informó que el gobierno federal había entregado 800 millones de pesos a la CNTE, pero el titular de la SEP aclaró -no vaya usted a pensar mal- que no fue para que se retiraran del Zócalo o para suspender sus protestas, sino para infraestructura y necesidades educativas en Oaxaca, como en ciclos escolares pasados.

En mayo de 2026 la presidente declaró: "Nuestro movimiento llegó al poder con una consigna muy clara: acabar con el régimen de corrupción y privilegios", pero el gobierno reporta 731 sanciones a servidores públicos y 57 denuncias que involucran a más de 3 mil personas, únicamente cinco están vinculadas a proceso penal. El 47% de ellos sucedieron durante el periodo de AMLO, 10% en el gobierno de Peña Nieto y 41% en su gobierno.

¿De qué superioridad moral hablan? ¿De qué se enorgullece Sheinbaum si la 4t rompe récords mundiales de corrupción e impunidad? La izquierda resultó más corrupta que el neoliberalismo.

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