Desde mi real parecer, así debió llamarse el libro de Julio Scherer Ibarra y Jorge Fernández Menéndez “Ni venganza ni perdón”, que mantiene la línea inaugurada por Elena Chávez en “El Rey del Cash” —seguida por Anabel Hernández, Hernán Gómez Bruera y otros—: dar testimonio de que corrupción, abuso de autoridad, vínculos con la delincuencia organizada, destrucción institucional y otras fechorías e ilícitos más, son el sello distintivo de Morena, la 4t y de este gobierno.
Julio Scherer y Fernández Menéndez poco aportan sobre los corruptos morenistas que denuncian; y no sorprende la reacción de Jesús Ramírez —experto en las teorías de manipulación de Joseph Goebbels—, quien miente al negar ser autor de la persecución a periodistas, amenazar a dueños de medios, pagar granjas de bots, definir la agenda temática de las mañaneras, pagar a pseudo periodistas por preguntas a modo, desviar fondos a través de medios afines, etc.
Para entender el texto se requiere contextualizarlo dentro del conflicto que viven diversas tribus morenistas en su lucha por controlar tanto las simpatías de Andrés Manuel López Obrador; nombrar candidatos al Congreso; magistrados y jueces; como de impulsar la revocación de mandato (si se sienten traicionados por Sheinbaum), en 2027.
Esta guerra estercolera y aleccionadora entre morenistas tiene varios frentes y muchos capítulos (y este no es el último): la extracción del Mayo Zambada; el conflicto entre Adán Augusto y Ricardo Monreal por ver quién es más corrupto; la denuncia del gobernador Javier May Rodríguez sobre la implicación de Adán Augusto y Hernán Bermúdez Requena, jefe de Policía y líder de la Barredora, en la violencia que vivía Tabasco; la filtración de la evasión de impuestos de Adán Augusto Hernández; la acusación del financiamiento del narco a las campañas de AMLO, en 2006, 2012 y 2018; el pago de campañas de 2021 con dinero procedente del huachicol fiscal; el ataque de Hernán Gómez a Scherer Ibarra y a Arturo Zaldívar —en su libro “Traición en Palacio”—, por corromper a la SCJN sometiéndola a los intereses de AMLO; la disputa por el control de los diputados de Morena en Campeche, entre Layda Sansores y Ricardo Monreal, presidente de la Junta de Coordinación Política (Jucopo) de la Cámara de Diputados; y la más reciente pelea entre el secretario de Educación Pública, Mario Delgado Carrillo y el director de Materiales Educativos, Marx Arriaga.
Algunas consecuencias de esta guerra intestina son: la salida del fiscal Gertz Manero; la destitución de Adán Augusto de la Jucopo del Senado; el rechazo a la candidatura de Andrea Chávez a la gubernatura de Chihuahua; y la expulsión de Marx Arriaga de la dirección de Materiales Educativos de la SEP.
Una primera conclusión del libro es que no es una denuncia de personas honestas e íntegras, sino entre corruptos que creen tener mayor “autoridad moral” por robar menos, tener menos vínculos o negocios con la delincuencia organizada (el concepto narcotráfico resulta limitado para describir la diversidad de actividades que dominan con la complicidad gubernamental: secuestro; robo; extorsión; trata; tráfico de personas; huachicol; producción, tráfico y venta de drogas; tráfico de armas; lavado de dinero; robo de autotransportes; entre otras) que multiplican —por mucho— su poder y ganancias.
Los medios de comunicación seguirán siendo fuente de revelaciones, de mutuas descalificaciones y denuncias, muchas de las cuales serán material de nuevos libros y libelos, conforme nos acerquemos a las elecciones intermedias y a la exigencia de entrega de narcopolíticos, por Estados Unidos.
Como puede observarse, se trata de traiciones y venganzas entre corruptos, que no tienen pudor al exhibir mutuamente sus delitos. La conclusión es sencilla: continua la impunidad bajo la protección oficialista, por lo que les incomoda sobremanera la actuación de la prensa y las presiones de Trump en contra del crimen organizado. No todo se trata de “soberanía”.
Periodista y maestro en seguridad nacional