Como un repliegue estratégico puede considerarse la IV Cumbre “En Defensa de la Democracia”, celebrada en Barcelona —a la que, paradójicamente, acuden gobernantes autócratas— frente al fracaso de la estrategia ultraizquierdista del Foro de Sao Paulo en el Continente —liderada por Brasil y Cuba, y financiada por Venezuela—; y que, sin renunciar a su objetivo de socializar al continente, cambian de eje al aliarse a gobiernos europeos de izquierda, de la mano de Pedro Sánchez, presidente de España, y de la Internacional Socialista (IS).
No solo se trata de un reagrupamiento de la izquierda, sino de abrir un frente a lo que representan “Escudo de las Américas”, América First, MAGA y la Doctrina Donroe para reconquistar al Sur Global para la izquierda.
Creada en 2024, por Inázio Lula da Silva y Pedro Sánchez, en la Cumbre de julio de 2025, en Santiago de Chile, denominada Democracia Siempre, definió su propósito: fortalecer la democracia, el multilateralismo, la justicia social y la agenda de la derecha —desde las ideologías woke y de género—. Igualmente —según dijeron—, debatirán y formularán propuestas contra la desinformación, desigualdad y el autoritarismo que, paradójicamente, les caracterizan.
Una vez más, Lula da Silva aparece como el padre de las iniciativas Foro de Sao Paulo (apoyada desde el castrismo) y ahora “Democracia Siempre” en la que contó con el apoyo de Sánchez. Juntos invitaron a presidentes autócratas de otros países: Colombia, Chile y ahora México, además de representantes de 20 gobiernos simpatizantes de Europa y América.
La incógnita es cómo responderá Trump a Lula da Silva, si percibe que más que como presidente de Brasil, actúa como representante de los BRICS, por su cercanía a China, principal adversario de EU.
A diferencia del Foro de Sao Paulo, que solo agrupaba a partidos políticos; y del Grupo Puebla, que integraba a personas, quienes acordaban estrategias y apoyos para los partidos de izquierda en su lucha por conquistar el poder; el nuevo movimiento agrupa a gobernantes y, adicionalmente, crea espacios de participación paralelos a actores sociales, artistas, intelectuales e investigadores, creando una base social y cultural de apoyo; además del soporte de la IS y de los BRICS.
Contrasta que el eje temático sea la “democracia”, cuando todos los presidentes de los gobiernos que la integran se caracterizan —en diversos grados— por destruir leyes, instituciones y mecanismos que la garantizan; por su falta de autocrítica; por la corrupción de sus dirigentes, por su silencio cómplice frente a violaciones a los derechos humanos de gobiernos de izquierda; por atacar y perseguir a sus opositores; y limitar la libertad de prensa. Apelan a ella porque no quieren verse excluidos como alternativa política, porque ven amenazada su existencia si Trump se empeña en sacarlos temporalmente del continente, y no porque verdaderamente crean en ella.
Una prueba para esta alianza de las izquierdas será cuando Trump emprenda acciones en contra de los gobiernos de izquierda de Cuba, Colombia y México, como un intento de recuperarse luego de su incursión en Irán y el desgaste que le generan excesos de Israel en Gaza y el sur de Líbano, de cara a las elecciones de noviembre.
Irónicamente, Trump ha sumado involuntariamente simpatizantes a la Internacional Democrática —así quieren denominarla— al actuar como chivo en cristalería contra aliados europeos, muchos de los cuales, en rechazo a sus excesos, apoyan esta iniciativa.
Sheinbaum decidió subirse al ring al proponer una declaración conjunta en contra de lo que llamó “intervención militar en Cuba” y al ofrecer a México como sede de la V Cumbre en 2027 (año electoral), confiando en la protección de sus nuevos aliados internacionales ante agresiones de Trump por defender la dictadura cubana.
Parece ser que Sheinbaum dejó atrás su “cabeza fría y su presunto interés de no exponer y dañar a nuestro país —en medio de las negociaciones por el TLC—, al responder a sus afanes ideológicos. Veremos las consecuencias.
Periodista y maestro en seguridad nacional