En la recientemente publicada (23 de enero) Estrategia de Defensa Nacional de Estados Unidos, aunque México no está expresamente citado, sí está considerado, por lo que Claudia Sheinbaum está obligada a definir qué es lo mejor para los mexicanos —no para los intereses de AMLO y la 4t— en este escenario de confrontación entre potencias porque —nos guste o no—, ser el primer socio comercial de EU, compartir una frontera de más de 3 mil kilómetros —y que el vecino sea el hegemón— implica riesgos y responsabilidades.

Sheinbaum está obligada a definir el papel de México frente a esta doctrina de poder basada en la fuerza, la autonomía industrial, el reparto de cargas con los aliados y el nuevo papel de EU en el plano internacional, debido a que el orden derivado de la Guerra Fría no garantizó su seguridad ni sus intereses estratégicos. Este repliegue estratégico se basa en la “disuación, coerción y la priorización de intereses nacionales, bajo la idea de ‘paz a través de la fuerza’”.

La rivalidad entre las potencias, la erosión de las normas internacionales y la proliferación de amenazas simultáneas en lo militar, económico, tecnológico y cognitivo, ha propiciado esta ruptura con las formas de operación que debilitaban su liderazgo: aliados con baja capacidad de disuación, el riesgo de conflictos simultáneos en varias latitudes, y escenarios de guerra de alta intensidad entre Estados.

El eje de esta estrategia “America First” —la defensa física del espacio aéreo, el ciberespacio, el dominio nuclear y el control de enclaves estratégicos de Estados Unidos, y en el hemisferio occidental—, establece una nueva jerarquización de amenazas, compromisos y aliados en clave militar y estratégica, en el que los países comprometidos tendrán diverso grado de protección, de acuerdo con el nuevo “enfoque selectivo, condicionado y transaccional de las alianzas”, dentro de la “doctrina Donroe”, distante del viejo orden liberal. Las nuevas amenazas: China, Rusia y el narcoterrorismo.

En este escenario, México tiene que resolver diversos aspectos en los tres frentes: las crecientes inversiones de China en nuestro país, a partir de 2020; el incremento de espías en la embajada rusa en nuestro país; combate al narcoterrorismo, y también los políticos que los apoyan.

Mientras los aliados europeos tendrán que contener a Rusia en su continente, lo mismo les corresponde a los asiáticos con China, y a los de oriente medio con Irán y sus aliados; EUA, por su parte, les brindará apoyo estratégico, inteligencia, tecnología avanzada y disuasión nuclear. No será más su principal proveedor de seguridad.

Estados Unidos propone “estabilidad desde la fuerza, negociación desde la superioridad y alianzas basadas en intereses compartidos, no en dependencia automática”. Para aliados y adversarios, el mensaje es: la ambigüedad estratégica y la seguridad subvencionada han terminado.

La relación México-EUA, de “cooperación entre vecinos”, llegó a su fin. Nuestro país es parte de su perímetro de seguridad. De acuerdo a las exigencias de Trump —para no imponer aranceles o emprender acciones unilaterales—, a México le corresponde: parar la migración hacia EU; evitar que empresas chinas inviertan e introduzcan sus productos a su territorio; emprender acciones conjuntas de combate a los cárteles: entregar a sus líderes y a narcopolíticos; cesar el apoyo a Cuba; incrementar el presupuesto de seguridad —que impactará en los programas sociales— del 0.7% al 3% para lograr la autonomía estratégica efectiva; intercambio de inteligencia, y operación militar bajo sus estándares.

Sheinbaum colabora con Trump al permitir la presencia de militares y agentes de inteligencia en territorio nacional y frenar el envío de petróleo a Cuba “por decisión soberana de Pemex”. Pero: ¿a cambio de qué?; ¿entregará narco políticos de Morena?, ¿habrá ruptura con AMLO y los suyos, o seguirá protegiendolos a cambio de ceder soberanía?; ¿asumirá la presidencia?

Periodista y maestro

en seguridad nacional

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