Apenas unas horas después de lo que parece haber sido la entrega pactada de Nicolás Maduro y de su esposa, por parte de sus correligionarios chavistas, Donald Trump definió, según algunos medios de comunicación, su siguiente objetivo: México.

Cuestionado por Fox News sobre si la operación militar contra Venezuela se puede interpretar como un mensaje a México, Trump dijo “no fue la intención”, pero agregó que “algo tendrá que hacerse” contra el poder de los carteles de droga en México. Y añadió: con la presidenta Claudia Sheinbaum “somos muy amistosos, ella es una buena mujer, pero los carteles mandan en México. Ella no manda en México”; “ella está muy asustada de los carteles”. Le he preguntado numerosas veces “si le gustaría que sacáramos a los carteles”, y ella ha dicho que no. “Algo se tendrá que hacer con México”, concluyó.

Horas después, mientras millones de venezolanos festejaban la caída de Maduro, dentro y fuera de Venezuela, resurgió la sombra sobre México, a través de la NBC se informó que el gobierno de EU desarrolla un plan para enviar tropas y elementos de inteligencia a nuestro país para atacar a los cárteles, mediante operaciones en tierra. Si bien su aplicación no es inminente, se discuten los detalles del mismo.

No queda claro si la acción que presuntamente emprendería la CIA con drones y tropas de élite se enfocaría a capos de la droga, o se extendería a narcopolíticos. Si esto fuera hipotéticamente así, pudiera considerarse incluso un anuncio para el habitante de Palenque, debido a su protagonismo y apoyo financiero, a través del Grupo Puebla, a la expansión de la izquierda en el continente; por sus presumibles nexos con los cárteles de la droga; su omisión criminal en el combate al tráfico de drogas, y por su papel en la expansión de los cárteles en América Latina, de la mano de gobiernos del Foro de Sao Paulo, así como por las revelaciones de los líderes del cártel de Sinaloa, detenidos en EU.

La incursión a Venezuela, como las posibles acciones sobre México, Colombia, Nicaragua y Cuba, forma parte de su nueva Estrategia de Seguridad Nacional —rebautizada como Donroe, en alusión a su visión de la doctrina Monroe: América para los estadounidenses—, según la cual Estados Unidos ampliaría su presencia militar e influencia en el hemisferio occidental (América Latina) con el propósito de frenar la inmigración ilegal, contener el avance del narcoterrorismo, mejorar la relación con sus aliados ideológicos y sus socios comerciales, frente a la erosión de su posición estrategica en el continente, causada por la presencia de China, y la influencia ideológica de Rusia y Cuba.

Trump divide la opinión de los latinoamericanos en torno a la democracia y la libertad, debido al manejo ideológico de la narrativa que hace la izquierda respecto al plapel que juegan sus intereses económicos. En lugar de priorizar la fiesta democrática que implica la caída de un dictador, solo priorizan su interés por el petróleo venezolano y facilitarle a sus compatriotas la rentabilidad de sus negocios en ese país, lo que refuerza el rechazo al imperialismo estadounidense.

La legitimidad de los gobiernos que emanen de la intervención norteamericana —incluida Venezuela— seguramente estarán condicionadas por el manejo que se haga de los acontecimientos para garantizar el retorno a la democracia en ese país y en el continente.

En el caso de México, el aniquilamiento de los cárteles —que probablemente sería apoyado por la ola de inseguridad y violencia que estos generan—, plantearía otros escenarios de operación a los vividos en Venezuela.

Más allá de las críticas respecto al derecho internacional, queda clara la determinación de Trump en contra de dictadores latinoamericanos y su interés de alinear al continente a sus prioridades en el escenario de confrontación política, económica y militar entre los bloques de poder. Habrá que ver el papel de México en este escenario.

Periodista y maestro en seguridad nacional

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