La ausencia deliberada de Claudia Sheinbaum de la edición 2026 del Foro de Davos o World Economic Forum, convocada con el lema “A Spirit of Dialogue”, motivada por sus prejuicios ideológicos en contra del neoliberalismo, constituyó un error estratégico que trasluce su opción por colocar a su gobierno en el triste papel de ser parte del menú, y no de los comensales, como definió el primer ministro de Canadá la postura de algunos países en el nuevo orden mundial en gestación.
En esta edición se vivió un nuevo capítulo de confrontación entre modelos económicos surgidos dentro de la economía de mercado. En 1993, cuando se definía el modelo que regiría el mundo tras la caída del Muro de Berlín, en 1989, el francés Michel Albert , a través de su libro “Capitalismo contra Capitalismo” planteó que éste se definiría entre dos modelos: el neoliberal (anglosajón) y la economía social de mercado o modelo renano (alemán). Al final, el neoliberalismo prevaleció. Hoy, en Davos, se planteó el fin del modelo globalizador y el resurgimiento del proteccionismo, encabezado por Donald Trump.
El evento de Davos, que reunió a 65 jefes de Estado y de gobierno, 850 CEOs y 3 mil participantes del sector público y privado, será recordada por tres motivos; y, para los mexicanos por un cuarto: 1) El choque de agendas entre dos corrientes neoliberales: globalizadora contra proteccionista; 2) El surgimiento de una “Tercera vía”, encabezada por el primer ministro de Canadá, Mark Carney; 3) La confrontación de Trump con Europa por Groenlandia; y, 4) la penosa ausencia de Sheinbaum.
Davos es reconocido como el grupo impulsor de la globalización, cultura woke e ideología de género. Trump, en cambio, a través del Make America Great Again, America First y la llamada nueva doctrina Donroe, impulsa un neoconservadurismo y neoproteccionismo, mediante relaciones bilaterales —cancelación de tratados comerciales multilaterales—, y su presencia en varias regiones del mundo.
Frente a la agresividad de Trump en contra de Europa, por oponerse a la compra o anexión de Groenlandia, por así convenir a sus intereses geoestratégicos y de seguridad; y en contra de Canadá, a la que ha amenazado con integrar como el estado 51 de la Unión Americana; el discurso del primer ministro Mark Carney marcó un liderazgo entre los jefes de Estado y de Gobierno —y los CEOs de las principales empresas trasnacionales— que apoyan la ideología del World Economic Forum.
En su mensaje, Carney plantea que con Trump se ha llegado al fin del orden mundial basado en reglas, define las opciones para los países frente a este nuevo orden “si no estás en la mesa, estás en el menú”; así como la decisión de Canadá de marginarse de la sumisión exigida por EU, y de acercarse a China.
Trump cambió su agresividad contra Dinamarca y la Unión Europea —por no haber recibido el Premio Nobel de la Paz—, cambiando sus amenazas de aranceles por un “acuerdo de protección y control” que le brinda influencia total sobre Groenlandia, asegurando su estrategia de seguridad Ártica —sin anexarse el territorio—, y salvando conflictos con sus aliados antes de la elección de noviembre.
En su primer aniversario Sheinbaum le ofrendó a Trump 37 capos para aplacar su ira; meses antes le entregó el agua de una cuenca hídrica no contemplada en el tratado binacional de aguas, dejando a muchos campesinos mexicanos sin el vital líquido; aceptó el sobrevuelo de aeronaves de vigilancia e inteligencia sin la autorización del Senado, lo que hace pensar que la crítica contra los liderazgos que “fingen soberanía mientras aceptan la subordinación”, del primer ministro Carney, estaba dirigida contra ella, por su decisión de ganarse el favor de Estados Unidos, a cambio de mantener un sistema antidemocrático y autoritario en el país. Mientras Sheinbaum se arropa en el nacionalismo, apoya gobiernos socialistas y dictaduras comunistas, intenta una relación pragmática con Trump.
Periodista y maestro en seguridad nacional

