Recientemente la presidenta ha señalado como pilar de sus iniciativas de reformas constitucionales, la llamada “reforma electoral” y el denominado “plan b”, la eliminación de privilegios.

Desgraciadamente la presidenta no ve, o no quiere ver, que los verdaderos y mayores privilegios de los que hoy goza la clase gobernante, y sobre todo la morenista, van mucho más allá de salarios y prestaciones exageradas. Los verdaderos privilegios, que laceran a todo el pueblo de México, son la opacidad y la impunidad con la que se mueven y hasta delinquen sus gobernantes.

Desgraciadamente para el pueblo de México, y afortunadamente para esa clase gobernante, la falta de transparencia, las mentiras, la difusión de información falsa, y la manipulación estadística que distorsiona la realidad en su favor, han permitido a esa clase gobernante, primero ocultar su ya larga cadena de errores y pifias que los llevan a generar resultados de gobierno francamente pobres e insuficientes —el miserable crecimiento económico nacional es un ejemplo—, segundo la opacidad les ha permitido ocultar la creciente ola de corrupción.

Si la opacidad es grave, peor aún es la impunidad de la que goza dicha clase gobernante ya que si alguno de sus integrantes tuviese “la mala suerte” de que sus fechorías saliesen a la luz pública, simplemente no le pasa ni pasará nada. Los autores de las mencionadas fechorías no son investigados y mucho menos sancionados. Los ejemplos que confirman lo anterior son muchos, entre ellos: La relación entre el entonces presidente de Morena Mario Delgado —hoy secretario de Educación— y el entonces “Rey del Huachicol” Sergio Carmona. Otros ejemplos: La relación entre Adán Augusto y el grupo criminal la Barredora, las ligas entre varios gobernadores —Rocha, de Sinaloa; Villarreal, de Tamaulipas— y el crimen organizado, el caso de denominado “Huachicol Fiscal” —el mayor caso de corrupción en la historia del país— cuya investigación simplemente esta detenida, los enormes sobrecostos en las obras faraónicas del gobierno del expresidente López Obrador, las acciones ya criminales de los amigos de los hijos del expresidente en el suministro de balastro fuera de especificación en la construcción de los trenes Maya e interoceánico. Y desgraciadamente la lista continúa y continúa…

En suma, no hay duda, la opacidad y la impunidad con la que se comporta la actual clase gobernante son privilegios que van mucho más allá de cualquier otra cosa. Sus costos no son solo económicos, sino que también reducen oportunidades y peor aún, cuestan vidas.

Fuente de los Deseos: Ojalá que la presidenta, si realmente desea eliminar los privilegios, empiece por acabar con la opacidad que reina en prácticamente todos los sectores de su gobierno, y muy importante: ojalá entienda y acepte que debe sancionar severamente la complicidad que existe entre algunos de sus colaboradores y el crimen organizado.

Exsenador. @gtamborrelmx

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