Guillermo Tamborrel

La mentira de la soberanía nacional

En parte del país (Sinaloa, Guerrero, Tamaulipas, Michoacán), observamos que el poder público lo ejerce el crimen organizado

Desde hace ya algunas semanas venimos escuchando, una y otra vez, de la presidenta Sheinbaum y de sus voceros, un discurso manipulador, mañoso y perversamente nacionalista. Los venimos escuchando repetir una serie de frases populistas y pegajosas en torno a la defensa de la soberanía nacional.

Un discurso patriotero que persigue: Primero, aglutinar simpatías en torno a la “4t”, y para lo cual recurren al linchamiento mediático para con la gobernadora Maru Campos por supuestamente haber permitido la participación, en campo, de dos agentes de la CIA en un operativo para desmantelar un mega narco laboratorio (la gobernadora menciona que ella no sabía de la presencia de los agentes de la CIA. Sus detractores tendrían que probar que lo sabía y que había sido ella quien autorizo así el operativo).

Segundo, distraer a la atención pública de los graves problemas que atraviesa el país -incertidumbre jurídica, inseguridad extorsiones y desapariciones, crecimiento económico inexistente, entre otros muchos-. Problemas que sin duda nacen y se nutren de los prejuicios, resentimientos y apetitos personales y de partido de la 4t, así como de su ineptitud para gobernar. Y de manera particular distraernos del caso del gobernador Rocha Moya, quien de ser juzgado en los EUA y encontrado culpable —lo que se presume ocurriría— derrumbaría el mito con el que se soporta la 4T.

Para evaluar de mejor manera al discurso mencionado y su impacto es conveniente tomar en consideración algunos aspectos de la denominada “soberanía nacional”:

1) La Constitución establece que: “La soberanía nacional reside esencial y originariamente en el pueblo. Todo poder público emana del pueblo y se instituye para beneficio de éste.”

2) El poder público es ejercido por medio de representantes que tienen la irrenunciable obligación de ejercer la soberanía en beneficio del pueblo y para lo cual tienen que proteger sus derechos humanos, civiles y políticos.

Considerando todo lo anterior podemos concluir lo siguiente:

a) En México el pueblo, en uso de su soberanía, decidió someterse a las obligaciones establecidas en los tratados internacionales. Entre ellos los tratados de extradición. Es por ello que no podemos aceptar el absurdo que se diga que una solicitud de extradición sea injerencista y mucho menos que atente contra la soberanía nacional.

b) En parte del país —Sinaloa, Guerrero, Tamaulipas, Michoacán, y varias entidades más—, observamos que en buena medida el poder público lo ejerce el crimen organizado. Ejemplo de ello está en: la extorsión o cobro de piso prácticamente generalizado, en restringir el libre tránsito de las personas por miedo a ser asesinadas, en nombrar a jueces ministerios públicos y jefes de policía. Es por ello por lo que lamentablemente no podemos decir que la presidenta y su gobierno ejerzan la soberanía nacional a nombre y en beneficio del pueblo.

En tanto estemos gobernados por narcopolíticos, México no será una nación soberana y el discurso presidencial solo será una mentira más.

Exsenador de la República.

@gtamborrelmx

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