Guillermo Tamborrel

La censura se disfraza de defensa de derechos

La censura hoy ya no necesita clausurar periódicos ni encarcelar periodistas. Basta con estigmatizar públicamente a los medios críticos y con construir un entramado regulatorio ambiguo en el que el mismo gobierno es juez y parte y así, en caso necesario, abrir procedimientos administrativos que finalmente multan excesivamente a quien lo critique.

El efecto final de la censura inducida es la autocensura y es devastadora. El periodista deja de investigar; el conductor evita formular determinadas preguntas; el concesionario prefiere no incomodar al gobierno. En suma, el silencio sustituye a la crítica sin necesidad de clausuras físicas ni encarcelamientos. Ese silencio acaba con la libertad de prensa y con el derecho de la ciudadanía a estar informada. Con ello se da un paso más hacia el apuntalamiento de un gobierno autoritario y finalmente a una dictadura.

Los regímenes autoritarios que buscan esconder la información que exhibe sus errores y deficiencias, sus corruptelas y sus negocios con el crimen organizado, nunca anuncian que pretenden censurar. Al contrario, siempre encuentran una causa noble para disfrazar sus intenciones. Unas veces es proteger a la niñez; otras proteger la integridad y patrimonio de la población, ahora, en México, se dice que el propósito es proteger los derechos de las audiencias. Hoy los censores se visten con piel de oveja cuando son unos verdaderos lobos.

Así hoy la presidenta ha puesto en consulta pública nuevos lineamientos que, en apariencia, resultan impecables: que la información sea veraz y oportuna; que se distinga la noticia de la opinión; que la publicidad no se disfrace de contenido informativo; que se garantice el derecho de réplica y que las personas con discapacidad tengan acceso pleno a los contenidos de los medios. Todo ello, noble y hermoso, merece respaldo. El problema no son los principios, sino la absoluta falta de autoridad moral de quien pretende erigirse en su defensor.

Resulta difícil creer que un gobierno que ha convertido la mentira y la opacidad en política pública quiera ahora dar lecciones de veracidad y transparencia informativa.

Nunca se había abusado tanto del argumento de la seguridad nacional para reservar información que pertenece a los ciudadanos, obras públicas, contratos, proyectos estratégicos y decisiones gubernamentales han sido sustraídos del escrutinio público bajo ese cómodo pretexto. La desaparición del INAI. El que desde la tribuna más poderosa del país, la conferencia mañanera, la Presidencia -la actual y la anterior- mintiendo y sustentada en “otros datos”, mezcle de manera cotidiana información gubernamental, opiniones políticas, descalificaciones a adversarios y juicios sobre periodistas, medios y ciudadanos. El que la publicidad gubernamental, disfrazada de información -contenido- presuma falsa y exageradamente logros, son ejemplos claros y rotundos de lo que ahora dice la presidenta quieren abatir “en beneficio de las audiencias”, ¡Puras mentiras!

Fuente de los Deseos: Ojalá los mexicanos sepamos “encarecer política y electoralmente” la decisión velada -baja y ruin- del gobierno de forzar a los medios de comunicación y a los comunicadores a autocensurarse.

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