Considero fundamental tener presente que todos los seres humanos, incluidos los que conforman las distintas minorías electorales, tienen el derecho a no ser discriminados y a participar en los asuntos de gobierno directamente o por medio de representantes libremente escogidos (art. 21 Declaración Universal de los Derechos Humanos).
Recordemos que en toda democracia las minorías tienen el derecho de ser debidamente representadas, escuchadas y tomadas en cuenta (no como ocurre hoy en México en el que la denominada “oposición” -que representa a las minorías- cuenta con 26% de las y los diputados cuando en las urnas obtuvo 46% de los votos. En este sentido es importante no confundir que el derecho a la representación es de la población que votó por la oposición y no propiamente de los partidos políticos que la conforman.
También considero fundamental entender y aceptar que el derecho al sano desarrollo de las mayorías electorales, en el mediano y largo plazo, implica que se respeten los derechos civiles y políticos de las minorías, ya que de no hacerlo las consecuencias pudiesen ser terribles para las mismas mayorías y en sí para toda la población.
Entre las consecuencias de no respetar los derechos de las minorías tenemos:
La paz social se pone en peligro, ya que el descontento de las minorías al irse generando y acumulando, y al no poder procesarse pacíficamente, pudiese llegar a explotar violentamente (Este hecho la historia nos lo ha demostrado en múltiples ocasiones).
La falta de respeto a los derechos de las minorías genera una desconfianza creciente para con el gobierno. Desconfianza que no solo contempla a las minorías, sino que poco a poco va contagiando a quienes en un principio constituyeron la mayoría.
Las minorías al desconfiar del gobierno generalmente reducen su participación en el desarrollo nacional. Reducción que provoca, como ya lo estamos viendo: menores inversiones, menor generación de empleo, menor crecimiento económico y por ende menor bienestar para toda la población.
El riesgo de que la mayoría sea manipulada por un caudillo crece sustancialmente. Hecho que, como hemos visto, lleva al país a ser guiado por caprichos, prejuicios y resentimientos y no por decisiones inteligentes que sí generan bienestar para todos en el mediano y largo plazo.
Cuando los derechos de las minorías se violan se rompen los equilibrios de poder, lo que finalmente se traduce en una mayor corrupción e impunidad. Hechos que sin duda acaban dañando severamente a toda la población.
En suma, violentar los derechos políticos de las minorías electorales, como lo es la debida representación, acaba impactando negativamente en el derecho al bienestar de toda la población.
Por lo anterior y dado que lo que hoy conocemos de la propuesta de reforma electoral de la presidenta Sheinbaum violenta los derechos de las minorías y también de las mayorías, ésta debe ser rechazada.
Exsenador.
@gtamborrelmx