El Comité Contra las Desapariciones Forzadas de la ONU tomó, por primera vez en su historia, la decisión de someter a consideración de la Asamblea General la situación que guardan las desapariciones forzadas en México. El objetivo de ello es el de recurrir a la comunidad internacional para que preste la ayuda necesaria a México en aras de abatir las mencionadas desapariciones.

Es importante señalar que dicha decisión se tomó después de seguir el debido proceso señalado en la “Convención internacional para la protección de todas las personas contra las desapariciones forzadas”. Convención que México firmó y ratificó.

También es importante señalar que la misma Convención define como “desaparición forzada, el arresto, la detención, el secuestro o cualquier otra forma de privación de libertad que sean obra de agentes del Estado o por personas o grupos de personas que actúan con la autorización, el apoyo o la aquiescencia del Estado”.

Lo anterior significa que, aun y cuando supongamos que las desapariciones forzadas o por encargo no forman parte de las políticas de gobierno, las desapariciones efectuadas por el crimen organizado con la complicidad de policías y ministerios públicos o con la aquiescencia -consentimiento, anuencia- de los denominados narcogobiernos, son también responsabilidad del gobierno de México.

Considerando lo anterior podemos concluir que efectivamente el Estado y el gobierno mexicano incurren en un crimen de lesa humanidad.

La respuesta del gobierno no se hizo esperar. La presidenta y algunos de sus diversos corifeos, como la Comisión Nacional de Derechos Humanos, respondieron dominados por la ignorancia dolosa y la indolencia.

Ignorancia dolosa porque conociendo la realidad de las desapariciones, la minimizan y hasta la niegan. Porque conociendo el derecho internacional y nacional lo tergiversan cuando no lo ignoran. (Por ejemplo: La respuesta contiene datos -manipulados- desde la llamada “guerra sucia” de los 60, cuando la Convención claramente señala que México se someterá a su contenido a partir de su ratificación, lo que ocurrió en 2008). Porque, como siempre, buscan echarle la culpa de sus errores y omisiones a otros, en lugar de asumir sus responsabilidades.

Indolencia porque carentes de la más mínima solidaridad humana con quienes están desaparecidos, y sus familias, pretenden reducirlos a cifras estadísticas, a varios miles pretenden desaparecerlos de los registros y a otros miles simplemente negarles que están desaparecidos. Todo ello en lugar de buscarlos o cuando menos de apoyar decididamente a quienes sí los buscan. El que el entonces presidente López Obrador se negara a recibir a las madres que buscaban a sus hijos desaparecidos es un claro y contundente ejemplo de la indolencia del gobierno de la autodenominada “Cuarta Transformación”.

Fuente de los Deseos: Ojalá que millones de mexicanos como yo no perdamos la fe y la esperanza en nuestro México, aun y cuando observamos cómo el Gobierno de México pretende engañarnos, cuando vemos que no cumple con sus responsabilidades más elementales.

Exsenador. @gtamborrelmx

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