El Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF), en ejercicio de sus facultades y recurriendo a argumentos distintos a los originalmente utilizados por el INE, decidió que el nuevo partido político Somos México debía modificar su nombre, su emblema y sus colores.
La mayoría de los magistrados confirmó así, en lo sustancial, la determinación del INE, aunque no necesariamente sus razones.
Y esto importa.
Somos México obtuvo su registro como partido político nacional después de cumplir el complejo proceso establecido por la legislación electoral: celebró 205 asambleas distritales reconocidas por el INE y acreditó 294,141 afiliaciones. Todo ello utilizando la identidad que ahora se le ordena modificar.
Más aún: esa identidad habría sido presentada formalmente ante el INE desde enero de 2025. Durante meses, la organización celebró asambleas, afilió ciudadanos, se promovió públicamente y construyó su reconocimiento utilizando un nombre, un emblema y unos colores conocidos por la propia autoridad electoral.
Y ahora, prácticamente al comenzar su vida como partido político nacional y a unos meses de iniciar el proceso electoral de 2027, la autoridad le dice: ese nombre no, esos colores no y ese emblema tampoco.
Por lo anterior me parece que, con sus determinaciones, el INE y posteriormente el TEPJF, lesionan en este caso y de manera directa los derechos de Somos México que a partir de ahora se denominará simplemente: SOMOS.
Me parece que se lesionan los principios básicos de seguridad jurídica (Si la autoridad conocía previamente su identidad, resulta cuando menos cuestionable que permita avanzar todo el proceso y sólo después obligue a modificarla sustancialmente).
Se lesionan también los principios de igualdad y equidad electoral (Mientras los partidos existentes llegan a 2027 con nombres, colores y emblemas conocidos durante años por millones de electores, SOMOS deberá dedicar una parte importante de los próximos meses a explicar quién es, cómo se llama ahora y cuál es su nueva imagen. Todos aparecerán en la misma boleta, sí, pero no necesariamente llegarán al punto de partida en las mismas condiciones).
El daño no es solo a SOMOS, es a la democracia y por lo tanto nos concierne a todos.
Hoy la discusión es si una autoridad puede decidir cómo se llama un partido, qué emblema utiliza y qué colores puede portar. Mañana la pregunta podría ser hasta dónde puede intervenir en la identidad y expresión de cualquier organización política que pretenda competir por el poder.
Cuando el poder decide cómo puedes llamarte o no, cómo puedes identificarte o no y bajo qué colores puedes presentarte ante los ciudadanos, el daño deja de pertenecer a un partido.
El daño es a la libertad, a la pluralidad, a la competencia electoral y, finalmente, a la democracia misma cómo forma de vida.