Uno de los lugares que me atrae mucho, inclusive antes de haber tenido la oportunidad de visitarlo, es Alaska. Además de la enorme diversidad de fauna, con especies acuáticas y terrestres, mamíferos, aves y peces, además de interminables paisajes y la cultura que distingue a un destacado número de comunidades, la cuales otorgan un alto valor y respeto a la naturaleza y comprenden la importancia de mantener un sano equilibrio entre sus necesidades de supervivencia con todo su entorno, que se da en un ambiente de clima y condiciones extremos.
Para muchos por fortuna, cazar no es un acto de barbarie, sino una necesidad donde la gratitud es fundamental, tanto como la selección específica de los ejemplares objeto de la misma, ya que lo hacen exclusivamente con fines de alimentarse, al tiempo de cuidar hembras y crias para garantizar el suministro en el futuro para sus descendientes y los de la propia especie. Particularmente donde el frío es extremo y el clima impide realizar las tareas cotidianas, es indispensable que la gente realice durante unos pocos meses, como lo han hecho sus ancestros durante siglos, actividades agrícolas y de caza y pesca, para luego preparar el alimento y conservarlo para el suministro en los días de un largo invierno, donde no hay manera siquiera de aventurarse sin el riesgo de perder la vida.
La realidad es que son comunidades que han aprendido de los procesos de adaptación a su complejo entorno a través de múltiples generaciones y éstas han sobrevivido y evolucionado favorablemente para crecer en equilibrio por la experiencia y el aprendizaje de sus ancestros, quienes han tenido la precaución de compartirlo donde en muchas ocasiones no hay la posibilidad de cometer dos veces un mismo error. Sin embargo, muchas otras han estado expuestas a otras contingencias como guerras e invasiones, a eventos de desastres naturales o a periodos difíciles que han marcado su historia.
Otro enorme valor que tienen estos grupos, es que saben la importancia de compartir entre las familias y en especial apoyar a quienes por el paso de los años, han perdido la capacidad de cazar y pescar a tal grado, que la primera caza se debe compartir con los ancianos.
Como Alaska, hay muchos lugares donde el invierno es largo y difícil, con más de la mitad del año en condiciones extremas que complican aun más la vida y eso seguramente ha ido forjando a sus habitantes, lo que seguramente los ha convertido en personas más resistentes y más resilientes. Nosotros habitamos un país con condiciones muy distintas, pero con sus propios riesgos y retos que poco tienen que ver con las de otras ubicaciones geográficas. Nos falta aprender más sobre la prioridad del equilibrio y de la cooperación y la manera de conocer y reaccionar ante nuestro entorno, y esto ocurre por que pensamos que las estaciones de nuestra vida serán más amables que extremas.
Por ello resulta interesante aprender de la experiencia de los demás para enriquecer la propia y con ello prepararnos y preparar mejor a los nuestros para hacer frente a un futuro que se convierte en presente cada nuevo día que la vida nos regala para ser también más resistentes y resilientes, en este Querétaro nuevo que deseamos conservar.
@GerardoProal