Gerardo Proal de la Isla

Esperanza y experiencia

La experiencia llega a ser tan útil, que se convierte en alimento para la esperanza de otros y de la propia, para seguira delante hasta el final del camino

20/04/2023 |07:20Gerardo Proal de la Isla |
Redacción Querétaro
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Una de las mayores virtudes que acompañan al ser humano y que lo distinguen es la esperanza.

Definida de múltiples maneras apenas si realizamos una breve búsqueda para encontrar algunas, tenemos a mano las siguientes: como un proceso de fe y ánimo optimista basado en la expectativa de resultados favorables relacionados con eventos o circunstancias de la propia vida o el mundo en su conjunto; como abrigar un deseo con anticipación; como un estado de ánimo que surge cuando se presenta como alcanzable lo que se desea; como una necesidad ontológica, lo que nos mueve, lo que nos marca una dirección; como una virtud teologal por la que se espera que Dios dé los bienes que ha prometido.

Sin duda, la esperanza suele ser una herramienta que nos es muy útil a las personas para transitar la vida, en cada etapa, o ciclo de ésta. A pesar que cuando estamos en circunstancias y condiciones más favorables y cercanas a lo que hemos deseado, la dejamos descansar un poco hasta el nivel de mostrar cierta indiferencia ante dicha virtud. No sucede así cuando las circunstancias y el entorno nos resultan adversos. Entonces la buscamos dentro de nosotros mismos y tomándola fuertemente de la mano, la llevamos a nuestro lado esperando que las cosas cambien favorablemente. La esperanza se convierte en una alcayata a la que nos aferramos cuando caemos.

La esperanza resulta tan valiosa, que la sabiduría popular le ha obsequiado un lugar preponderante, y en voz de ilustres han dicho: “La esperanza arrastra más que la razón”, “Mientras hay vida hay esperanza”, “Que sus decisiones reflejen sus esperanzas, no sus miedos”, “Por muy larga que sea la noche, amanecerá”, “La esperanza muere al último”, “El mejor puente entre la desesperación y la esperanza es una buena noche de sueño”, “El que tiene salud tiene esperanza, y el que tiene esperanza lo tiene todo”.

Podría enumerar muchas más, pero considero que son suficientes e ilustrativas las mencionadas. Sin embargo, mientras van pasando los años que uno tiene la oportunidad de vivir, es igualmente importante aprender y comprender sobre la vejez y a atesorar la experiencia, ya que ésta será la que se convierta en la virtud más sólida, ya que la esperanza, aunque viva, reduce sus expectativas por obvias razones.

Pero la experiencia se cultiva como un fruto de cáscara dura, difícil de pelar, que cuando es reconocida tanto por quien la tiene, como por quien la necesita, se descubre el delicioso contenido que al compartirlo obtiene un sabor único y especial que le da sentido y razón a la propia vida.

En ocasiones, llega a ser tan útil, que se convierte en alimento para la esperanza de otros y de la propia, para seguir adelante hasta el final del camino. La esperanza viene y se queda con cada quien, pero la experiencia fortalece la vida propia y la de otros, quienes aprenden de ella.

Por eso, cuando notemos el cansancio en la esperanza de nuestros ancianos, será el último aviso para cosechar de su experiencia. No dejemos de aprender de los nuestros, recordemos que tanto una como otra, harán los cambios para tener la vida y el mundo que deseamos.

Dijo un escritor “La esperanza es como el sol, que arroja todas las sombras detrás de nosotros”. Por eso y más, que sigan muchos buenos amaneceres en este Querétaro nuevo que deseamos conservar.

@GerardoProal

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