Hace ya mucho tiempo, cuando inicié mi afición por la fotografía, no imaginé siquiera la manera como una de las las especies animales me llegaría a cautivar como lo han hecho las aves.
Estos animales comenzaron a evolucionar junto con los dinosaurios en el periodo jurásico hace 160 millones de años, según lo corroboran fósiles que datan desde aquel entonces. Son seres adaptados para volar, aunque algunos de ellos ya no lo hacen y muchos otros suelen brincar, nadar, correr e inclusive bucear. Los hay tan grandes como el avestruz y tan pequeños como el colibrí. Se estiman más de 9 mil 200 especies de aves en el mundo. Suelen encontrarse en todo el planeta y en todos los hábitats, lo que las convierte necesariamente en una extraordinaria opción para ser pacientemente observadas o atrapadas en una imagen.
Tan solo en México tenemos más de 1, 000 especies, y en lugares como Brasil hay prácticamente el doble con una mayor diversidad por las características y variedad de hábitats que dicho país tiene.
Con toda certeza, el sueño de volar nos ha acompañado desde tiempos inmemoriales y las aves han sido objeto de observación e inspiración para quienes lograron convertir en realidad la posibilidad de surcar los cielos en aeronaves, ya que entre las aves existen modelos que con seguridad fueron y son parte fundamental de la investigación y el desarrollo de la aeronáutica para la humanidad hasta nuestros días.
Si nos colocamos en un contexto más poético y metafórico del sueño de volar, para muchos más siguen siendo objeto de análisis y reconocimiento al conocer aspectos de su evolución, lo que les ha otorgado mejores condiciones de adaptación y herramientas para sobrevivir en un mundo de presas y depredadores. Volar nos libera.
Por otro lado, la belleza del plumaje, ojos, picos y patas es inmenso. Desde lo grandioso del más pequeño como lo es el colibrí, hasta la enorme dimensión del vuelo del albatros o del cóndor andino; también el vuelo del halcón o del águila y muchos más, como esas aves que habitan en las costas y que han evolucionado para pescar en picada, como de igual manera lo hace el martín pescador en zonas de agua dulce. Otra cosa es observar sus ritos de cortejo y bailes únicos para cautivar a su pareja.
Así podría enumerar tantos y tantos detalles que hacen a las aves objeto de admiración y respeto desde culturas milenarias, prehispánicas y como parte hoy de los usos y costumbres de tantos pueblos y comunidades alrededor del mundo.
En mi caso personal, se convierte en el atesoramiento de la emoción de lograr una buena imagen de un ave que permite un encuentro en esta ciudad o en lugares recónditos como las selvas, humedales, playas y montañas. Sin darme cuenta o sin habérmelo propuesto, las aves forman parte importante de mi colección fotográfica, como testimonio de visitar un lugar irrepetible, o por ese sueño de volar que me ha acompañado desde la niñez, inclusive por pensar en la tradición de nuestros ancestros al creer que el colibrí lleva como pasajera el alma de un ser querido que nos deja, tan solo al ver a tan pequeña ave, un mensaje de esperanza, antes que ésta vuele lejos en un nuevo año que ya transcurre en forma en este Querétaro nuevo que deseamos conservar.
























