A lo largo de muchos años, en los que trabajé para una importante empresa, resulta que los viernes de cada semana, se convertían en todo un reto para resolver pendientes y compromisos de trabajo, de tal suerte que fueron en particular, los que ponían a prueba la capacidad, las habilidades y el talento de muchos para sortear retos financieros que implicaban la magia de —partir en tres mitades una unidad— y atemperar las cosas.
Solíamos reunirnos los jueves por la noche y comentar, al despedirnos e ir a dormir, que por suerte faltaban horas para llegar al viernes y preocuparnos. Cientos de esos últimos días hábiles de cada semana fueron pasando uno a uno y, cuando me preguntaban amigos cual de ellos había sido el más difícil, yo contestaba sin temor a equivocarme que el más difícil era el próximo en llegar, ya que los anteriores ya estaban resueltos.
Cuando concluí mi ciclo de trabajo ahí, tardé en quitarle a los viernes esa característica fatídica y verlos otra vez como días que abrían la puerta al fin de semana. El tiempo hizo que aquellos se convirtieran en recuerdos acompañados de cientos de anécdotas.
Hoy, en estos días de intenso calor que estamos viviendo, me hacen recordar aquellos viernes de antaño, de una manera distinta pero igual de estresantes, por que han coincido en estas semanas recientes con varias actividades extraordinarias que hacen sufrir mucho más el calor que nos agobia, de tal suerte que sudando mucho más y después de varias horas, hay momentos en los que la boca se seca y beber agua resulta indispensable.
Recuerdo años de mucho calor en nuestra ciudad, pero ninguno con las condiciones y características de impacto de los rayos solares que desde la primera hora, nos queman al estar expuestos a ellos, y creo que no somos los únicos, ya que las aves y otros animales se acercan buscando fuentes para hidratarse y compensar un poco el tremendo calor que les agota.
Tengo en mis haberes intangibles, una relación con un pequeño grupo de colibríes que alimento desde hace 13 años con el cuidado , y al paso de este tiempo seguramente se han sumado generaciones nuevas. Hay una hembra que destaca por su tamaño, su personalidad de una enorme autoridad y una presencia que manifiesta con múltiples sonidos y aspavientos, buscando controlar el alimentador.
Al dejar un acceso abierto, esta pequeña escandalosa se metió al interior de la casa y seguramente el calor la afectó.
Afortunadamente la pude rescatar a tiempo al acercarse y permitirme tomarla con la mano. Me pareció la aceptación de conocernos mutuamente y hacer una tregua ante las condiciones de calor extremo.
Aún esperan largas y agotadoras jornadas. Manifiesto un profundo respeto por toda la gente que hoy día labora bajo los rayos de un sol que por el cambio climático ya no brinda tregua alguna en tanto no vengan las lluvias, que aunque regularmente traen consigo algunos daños, siempre traerán más bienes que males.
La vida es como es y una cosa complementa otra. Los días de estrés forman parte de la oportunidad de crecer y de continuar caminando junto con el calor, que resulta una característica del final de esta primavera y el inminente inicio del verano en este Querétaro nuevo que deseamos conservar.
@GerardoProal
























