Gabriela Galindo Morales. Facultad de lenguas y Letras. Universidad Autónoma de Querétaro
Es frecuente que la censura en redes sociales se manifieste a partir de no escribir palabras completas, como es el caso de "mtar" en lugar de "matar", o inventa palabras como "desvivir". Estos usos de la escritura reflejan una estrategia lingüística con el nombre anglosajón algospeak, que merece tanta atención desde la lingüística como desde el periodismo.
El algospeak es el conjunto de recursos que usan las personas usuarias de redes sociales para evadir la moderación automática de contenido sin dejar de comunicar lo que quieren decir. Los algoritmos que revisan videos, publicaciones y comentarios son eficaces detectando palabras específicas (de hecho, esa capacidad es la base de funciones como los subtítulos automáticos o las recomendaciones de contenido), pero fallan ante los recursos discursivos que dan forma al lenguaje humano: la metáfora, la ironía, el sarcasmo o el doble sentido.
Ahí entra la creatividad lingüística. Entre las estrategias más documentadas están la sustitución de letras por números o símbolos visualmente parecidos (una "i" por un "1"), el intercambio de sílabas (“nepe” en vez de “pene”), el reemplazo por palabras que suenan similar, el uso de siglas, y mi favorita: la derivación morfológica, es decir, crear una palabra nueva a partir de prefijos y sufijos existentes, como "desvivirse". A esto se suman los emojis, que funcionan como sustitutos semánticos completos de ciertos términos.
El fenómeno confirma algo que en lingüística sabemos desde hace tiempo, que es que por sofisticado que sea un sistema automático de procesamiento de lenguaje, la creatividad humana para generar significado nuevo sigue superándolo. Cada vez que el algoritmo aprende a detectar una variante, la comunidad de hablantes ya generó otra.
Pero el algospeak no es solo un juego humano ingenioso, pues su ambivalencia es lo que lo vuelve un problema genuino de comunicación pública. Por un lado, permite que el contenido de prevención, como el tema de conducta suicida, siga siendo encontrado por quienes más lo necesitan, sin que el algoritmo lo elimine por activar palabras sensibles. Por otro, exactamente los mismos recursos sirven para lo opuesto: difundir contenido de riesgo evadiendo los filtros diseñados para contenerlo. En TikTok, etiquetas como #unalivemeplease acumulan millones de usos, y es prácticamente imposible distinguir, solo por el hashtag, entre la ironía y el riesgo real.
Entonces, los algoritmos son buenos con la literalidad, pero el lenguaje humano rara vez lo es. Por eso creo que la salida no está en perfeccionar la inteligencia artificial hasta que "entienda" el lenguaje —meta que, visto lo anterior, persigue su propia cola—, sino en no delegar por completo esa interpretación a una máquina. Si la creatividad lingüística que hace posible el algospeak viene de las personas, solo las personas (con criterio, contexto y sensibilidad) pueden regularla con responsabilidad.