La mejora del transporte público en Querétaro no puede depender solo de nuevas unidades, mejores estaciones o ajustes de rutas.
Esas medidas son necesarias, pero insuficientes si la ciudad sigue creciendo de forma dispersa, con fraccionamientos alejados, cerrados y poco conectados. El problema de fondo es urbano: los autobuses terminan recorriendo más kilómetros para mover a menos personas.
La discusión debería avanzar hacia el Desarrollo Orientado al Transporte, conocido como DOT. Autores como Robert Cervero y Peter Calthorpe han planteado que los sistemas de transporte funcionan mejor cuando la vivienda, el empleo, los servicios y el espacio público se concentran alrededor de corredores de movilidad. No se trata solo de mover camiones; se trata de ordenar la ciudad para que el transporte sea útil, frecuente y financieramente viable.
Querétaro enfrenta una contradicción institucional. La Agencia de Movilidad regula el transporte público, pero no decide dónde crece la ciudad.
Los municipios autorizan fraccionamientos con criterios ligados a vialidades, mientras que la disponibilidad de transporte público nunca opera como requisito. Después, el sistema debe reaccionar: modificar rutas, ampliar recorridos y cubrir zonas que nacieron sin conectividad suficiente.
Ese modelo ya mostró sus límites en muchas ciudades. En América Latina, Curitiba y Bogotá demostraron que los corredores de transporte pueden ordenar parte del crecimiento urbano cuando se vinculan con densidad y usos mixtos. En Europa, ciudades como Copenhague y París han reforzado la idea de barrios conectados, caminables y menos dependientes del automóvil. La lección común: el transporte público no se arregla únicamente desde el transporte.
Por eso, Querétaro tendría que discutir un cambio institucional más profundo. Así como la disponibilidad de agua condiciona desarrollos inmobiliarios, la conectividad al transporte público debería ser un criterio obligatorio para autorizar nuevos fraccionamientos. No como trámite decorativo, sino como factibilidad real: distancia a corredores, capacidad del sistema, frecuencia posible y costo operativo.
Invertir el orden actual es clave. Primero debe existir planeación de transporte y luego autorización urbana, no al revés. De lo contrario, cada nuevo desarrollo periférico trasladará costos al sistema, a los usuarios y al presupuesto público.
El futuro de la movilidad queretana no se juega solo en la renovación de autobuses. Se juega en la forma de decidir dónde se construye vivienda, cómo se conectan las colonias y quién asume los costos de una ciudad extendida. Sin DOT, cualquier mejora será parcial. Con DOT, el transporte puede dejar de perseguir a la ciudad y empezar a estructurarla.
Consultor, académico y periodista