Mientras la atención nacional se concentra en la tercera ronda de revisión bilateral del T-MEC entre México y Estados Unidos, iniciada esta semana en la Ciudad de México, en Querétaro el desenlace de esa negociación podría sentirse mucho antes de que aparezcan los comunicados oficiales.
No es una discusión lejana entre funcionarios. Es una conversación que puede definir inversiones, empleos y el ritmo de crecimiento de una de las economías industriales más dinámicas del país.
La coincidencia con el anuncio de Donald Trump de imponer aranceles de hasta 50% a diversos productos vuelve el escenario todavía más delicado.
A ello se suma la decisión de Estados Unidos de no extender automáticamente la vigencia del tratado por otros 16 años, lo que abre un periodo de revisiones anuales que añade incertidumbre para las empresas que planean inversiones de largo plazo.
Los números ayudan a dimensionar el riesgo. En 2024, Querétaro exportó mercancías por más de 17,600 millones de dólares, de los cuales alrededor del 85% tuvo como destino Estados Unidos y Canadá.
La manufactura representa prácticamente la totalidad de las exportaciones estatales, con las autopartes y la industria aeroespacial como pilares de ese modelo productivo.
Por eso, cualquier cambio en las reglas del T-MEC rebasa el terreno diplomático. La mesa encabezada por Marcelo Ebrard y el representante comercial estadounidense, Jamieson Greer, tiene un vínculo directo con las plantas instaladas en Querétaro, donde cientos de proveedores dependen de cadenas de suministro integradas con Norteamérica.
La preocupación no es hipotética. En 2025, la inversión extranjera directa en Querétaro cayó 51.1%, mientras que la fabricación de equipo de transporte registró un desplome cercano al 77%, justamente en medio de la incertidumbre generada por la revisión del tratado.
Son cifras que sugieren que los inversionistas ya comenzaron a incorporar el riesgo político en sus decisiones.
El éxito aeroespacial queretano no nació por casualidad. El TLCAN jugó un papel determinante para atraer empresas como Bombardier y Safran, así como para impulsar la creación de la Universidad Aeronáutica de Querétaro.La revisión del T-MEC no es únicamente un asunto de política exterior. Para Querétaro representa una prueba de fuego para el modelo económico construido durante más de dos décadas alrededor de la integración con Norteamérica.
Si esa arquitectura comienza a fracturarse, el impacto no se medirá en discursos, sino en inversiones que no lleguen, proyectos que se pospongan y empleos que dejen de crearse.