La propuesta de reforma electoral de la presidenta Claudia Sheinbaum mantiene intacto el corazón del sistema mixto que ha producido, elección tras elección, distorsiones en la representación política. Aunque se plantea eliminar las listas plurinominales tradicionales y obligar a que todas las candidaturas “vayan a territorio”, el diseño de fondo no corrige el problema estructural: la sobrerrepresentación derivada de los 300 distritos de mayoría relativa.

El modelo actual —300 diputaciones de mayoría relativa y 200 de representación proporcional— genera, por definición, un efecto mayoritario.

En cada distrito se asigna una curul a quien obtiene más votos, incluso si no alcanza 50%. Todas las demás fuerzas quedan sin representación en ese territorio. Esos votos no se traducen en escaños. El mecanismo produce una sobrerrepresentación automática del partido que gana más distritos.

Los 200 espacios de representación proporcional buscan compensar esa distorsión. Sin embargo, no alcanzan a corregir completamente el sesgo. La experiencia reciente muestra que el partido más votado puede obtener un porcentaje de curules superior a su porcentaje de votación nacional. El diseño mixto, al combinar mayoría relativa con proporcional limitada, favorece mayorías legislativas amplificadas.

La propia Presidenta ha explicado que se mantienen los 500 diputados: 300 por distrito y 200 por representación proporcional “con la misma fórmula vigente”.

Rosa Icela Rodríguez precisó que las 200 diputaciones se integrarán con 97 “mejores perdedores”, 95 por circunscripción y ocho para residentes en el extranjero. Es decir, no se elimina el componente proporcional, pero tampoco se modifica su capacidad compensatoria.

El argumento central del Ejecutivo es que las diputaciones no deben ser “listas de burocracias partidarias” y que todas las personas candidatas deben someterse al voto. La intención es evitar que los partidos asignen curules como cuotas internas. Sin embargo, eliminar listas cerradas no equivale a mejorar la proporcionalidad del sistema.

Si el objetivo es que solo lleguen al Congreso quienes hagan campaña y, al mismo tiempo, se fortalezca la representatividad, existe una alternativa: profundizar la representación proporcional. Una opción sería asignar a cada estado un número fijo de diputaciones conforme a su población y repartirlas estrictamente según el porcentaje de votos que cada partido obtenga en esa entidad. Un esquema proporcional estatal evitaría que miles de votos queden sin traducción legislativa.

El reclamo por una representación más equilibrada no es nuevo. Fue una bandera de la oposición en el pasado proceso electoral. La reforma en discusión abre el debate sobre listas y costos, pero deja sin tocar el diseño que produce sobrerrepresentación.

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