El arranque de 2026 marca un punto decisivo para quienes aspiran a competir por la gubernatura de Querétaro en 2027.

Más allá de estrategias partidistas o estructuras electorales, el verdadero desafío será simbólico: construir una narrativa capaz de convertirse en sentido común entre los queretanos.

En la lógica de la Escuela de Essex —donde Ernesto Laclau y Chantal Mouffe situaron el poder del discurso como eje de la política—, la disputa electoral no consiste sólo en ganar votos, sino en fijar significados.

La política es, antes que nada, una lucha por definir qué es “normal”, qué es “problema” y quién representa su solución. En ese terreno, las candidaturas deben transformarse en lo que Laclau denominó “significantes vacíos”: figuras capaces de articular demandas diversas bajo un mismo símbolo.

En 2026, cada aspirante deberá decidir qué tipo de “pueblo queretano” busca representar. El Partido Acción Nacional intentará reconstruir la identidad del “Querétaro modelo”, articulando las inconformidades frente al gobierno federal —la seguridad, el trato fiscal, la falta de infraestructura— y presentándose como el defensor de un estado productivo y ordenado.

Por su parte, el Movimiento de Regeneración Nacional buscará resignificar el relato: mostrará a Querétaro como un territorio de desigualdades encubiertas, donde persisten rezagos que sólo pueden resolverse alineando al estado con el proyecto nacional.

Ambos discursos —“bastión responsable” frente a “estado excluido”— intentarán disputar la hegemonía del sentido común: quién define lo que Querétaro “es” y hacia dónde debe dirigirse.

En ese proceso, los liderazgos que emerjan tendrán que encarnar las esperanzas colectivas, más allá de programas o biografías personales.

Su fama pública será relevante sólo si logra traducirse en reconocimiento simbólico, es decir, si la ciudadanía los percibe como portadores de una promesa capaz de satisfacer sus demandas.

Como toda narrativa política eficaz, las que dominen este año deberán estructurarse en torno a un conflicto claro: un antagonista, una víctima y un héroe o salvador. El “nosotros” frente a “ellos” seguirá siendo el molde inevitable del discurso político, aunque se exprese con matices de conciliación.

De aquí a 2027, el reto para los aspirantes no será únicamente posicionarse, sino hegemonizar la definición de Querétaro.

Quien logre que su visión del estado parezca la más natural, la más compartida, la más emocionalmente y verosímil, habrá recorrido la mitad del camino hacia la victoria.

Consultor, académico y periodista

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