El 22 de agosto pasado Querétaro vivió una tormenta fuera de lo común. La estación hidrometeorológica de la CEA, ubicada en la UTEQ, registró un acumulado de 86.1 milímetros en 24 horas, equivalente al 15% de toda la lluvia que cae en promedio durante un año en la ciudad.
Para dimensionar: el promedio anual de precipitación es de 558.2 milímetros según el INEGI.
No es casualidad que colonias como Peñuelas y Menchaca enfrentaran calles anegadas y viviendas dañadas. En tres lamentables casos hubo personas que perdieron la vida.
Ante un volumen tan extraordinario de lluvia, ninguna infraestructura urbana resulta suficiente si está construida sobre laderas ocupadas, cauces alterados o drenajes saturados.
La idea de que un desastre es “natural” ha sido cuestionada desde hace décadas.
Como explica la investigadora de la UNAM Irasema Alcántara Ayala, fenómenos como lluvias o sismos se convierten en desastres solo cuando golpean a sociedades vulnerables, sin planeación ni infraestructura adecuada.
En ese sentido, los desastres son construcciones sociales, no castigos de la naturaleza.
El caso queretano lo ilustra con claridad. La tormenta del 22 de agosto hubiera sido solo un dato meteorológico si no hubiera casas, vialidades y comercios en zonas de riesgo.
Esas condiciones derivan de decisiones acumuladas durante décadas: permisos de urbanización sobre arroyos, insuficiente planeación hidráulica y desigualdad que obliga a familias a vivir en áreas inseguras.
Los desastres no son interrupciones aisladas, sino parte de lo “normal” en un sistema que reproduce vulnerabilidades.
En Querétaro, asumir esta perspectiva es clave. No basta con ampliar drenes o construir bordos, sino con revisar cómo crece la ciudad y quiénes quedan más expuestos.
Las personas con más recursos construyen barreras para el agua o se mudan a zonas de menos riesgo. Las personas de menos recursos permanecen en zona de riesgo ante la falta de opciones.
Las lluvias seguirán ocurriendo. Lo extraordinario no es la tormenta, sino que sigamos llamando “natural” a lo que en realidad es consecuencia de nuestras decisiones individuales y colectivas.
Consultor, académico y periodista