Gabriel Morales

Estados Unidos cambia de presidente, pero no de política migratoria

Donald Trump puede encontrar en los demócratas un aliado para endurecer la política migratoria estadounidense aunque en otros campos haya una batalla encarnizada.

Mantienen diferencias en las formas, pero los datos históricos muestran que las restricciones, las deportaciones y el control fronterizo han sido constantes, independientemente de qué partido ocupe la Casa Blanca.

La posibilidad de negociar acuerdos migratorios entre republicanos y demócratas no debería sorprender. Durante décadas, ambos partidos han impulsado medidas para limitar la inmigración irregular, aunque sus discursos públicos y sus prioridades hayan sido distintos.

El caso de Barack Obama es revelador. En México, su imagen difícilmente se asocia con la hostilidad hacia los migrantes que caracteriza a Trump. Sin embargo, durante sus ocho años de gobierno, Estados Unidos registró aproximadamente 3.1 millones de deportaciones formales, según las estadísticas históricas del Departamento de Seguridad Nacional.

La cifra supera los aproximadamente 2 millones registrados durante George W. Bush y los 1.2 millones del primer mandato de Trump. Son datos por año fiscal, por lo que no corresponden exactamente a cada periodo presidencial. Tampoco incluyen todas las devoluciones fronterizas ni las expulsiones sanitarias aplicadas durante la pandemia.

La diferencia entre presidentes, por tanto, no puede medirse únicamente por sus discursos. Obama promovió DACA para proteger temporalmente de la deportación a determinados jóvenes migrantes, mientras su administración mantenía una intensa actividad de expulsiones. Trump convirtió la migración en uno de sus principales instrumentos de retórica.

Pero la continuidad viene de antes. Bill Clinton firmó en 1996 una reforma que amplió las causas de deportación y estableció castigos migratorios cuyas consecuencias siguen afectando a familias mexicanas. Bush reforzó los mecanismos de vigilancia y control después de los atentados de 2001.

Joe Biden tampoco rompió esa trayectoria. Su gobierno mantuvo restricciones fronterizas, utilizó durante parte de su mandato las expulsiones del Título 42 y endureció las condiciones para solicitar asilo en 2024.

Esto no significa que todos los gobiernos sean iguales. Sin embargo,en lo fundamental, republicanos y demócratas han aceptado que el control migratorio debe ocupar un lugar central en la política estadounidense.

Una eventual negociación entre Trump y los demócratas no es descabellada. La pregunta no es si ambos pueden coincidir en materia migratoria, sino cuánto estarían dispuestos a restringir los derechos de quienes buscan cruzar la frontera.

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