Francisco Flores

Con en el puro nombre y el apellido no se ganan elecciones en Querétaro

Hace cuatro días, el 6 de julio se cumplieron 29 años de la caída del PRI como partido homogénico de poder en Querétaro.

La caída del PRI en 1997 en Querétaro era inimaginable en ese entonces. Eso rompió cualquier pronostico en las encuestas porque traía de un candidato que era un gigante de la política nacional.

El candidato priista, hoy en etapa de retiro, era Fernando Ortiz Arana, un político profesional de carrera que había sido coordinador de su partido en las cámaras de Senadores y Diputados, en la época que el tricolor tenía la aplastadora mayoría. También fue presidente nacional del PRI y al asesinato de Luis Donaldo Colosio se le mencionó, como posible sustito para ser el candidato presidencial.

Ortiz Arana, en su momento lo dijo en reiteradas entrevistas, su derrota fue producto del exceso de confianza de su parte de enfrentar a un PAN y a su candidato Ignacio Loyola que no se les veían posibilidades de triunfo. Nunca reconoció, tal como se ha difundido en diversas columnas que el presidente Ernesto Zedillo ayudó al panismo a ganar en revancha a que intentó disputarle la candidatura presidencial en 1994.

Ortiz Arana regresó seis años después a Querétaro para nuevamente enfrentar a un panismo que presentó de candidato a Francisco Garrido Patrón. Ortiz Arana perdió pese a que dio la pelea, pues primero ya no tenía la fuerza y el músculo de 1997 y por otro lado el PAN ya traía estructura y también músculo, mismo que se fortalecía con la llegada de Vicente Fox a la presidencia de la República.

Lo que sucedió con Ortiz Arana es el claro ejemplo de que la política nacional tiene otra dinámica a lo que sucede a nivel local. Aquí hay que hacer trabajo en tierra, acercamiento con el electorado al cual se le tiene llegar al corazón, independientemente de que los partidos deben construir sus estructuras y amarres con grupos de poder.

Otros políticos que intentaron buscar la gubernatura, cobijados con el nombre que hicieron como políticos nacionales fueron Silvia Hernández, quien fue secretaría de Turismo en el gobierno de Zedillo, pero que en Querétaro fue derrotada en el año 2 mil cuando compitió para ser senadora. En 2003 buscó la candidatura del PRI a la gubernatura, pero perdió.

En el PAN, el entonces senador, Francisco Fernández de Cevallos y Urueta –ya fallecido-primo del Jefe Diego Fernández de Cevallos intentó en 2003 ganar la candidatura por su apellido, pero no pudo con Garrido Patrón quien tenía controladas las estructuras locales del partido.

Hoy de todos los aspirantes que buscan la gubernatura y que traen una carrera política construida en el ámbito nacional es Santiago Nieto, quien participa en el proceso interno de la llamada Cuarta Transformación.

Nieto debe de tomar en cuenta que sus relaciones y alianzas políticas en lo federal, no son suficientes para ganar sino que se debe aceitar una maquinaría con una eficiente estructura, pero sobre ganarse la confianza y simpatía del electorado. Los errores llevan a la derrota.

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