Fernando Islas

¿Y si sí?

Esta frase es tendencia en diferentes plataformas de redes sociales, gracias a la inmediatez de la comunicación, estas 3 palabras se han apoderado de posteos de grandes y de chicos, de obreros, cantantes, maestros y por su puesto integrantes de la clase política. Pareciera una frase insignifcante, pero su impacto es relevante porque refleja la esperanza que la participación de la Selección Mexicana está generando en la gran mayoría de la població, esto pudiera ser explicado de diferentes maneras, desde el hecho de que México es un país con un elevado nivel de afición al fútbol, hasta llegar a la conclusión de que este grado de efervesencia se debe a la necesidad de nuestro pueblo de tener una alegría entre tantas tempestades que históricamente hemos padecido, cada pase acertado, cada gol es un suspiro eterno entre quienes hemos encontrado en un balón la posibilidad de soñar.

Por 90 minutos pareciera que la exigencia de atención a los enormes pendientes que tiene el estado con la ciudadanía quedan de lado, sin embargo una de las grandes lecciones que este mundial nos debe dejar, es que la misma pasión e incondicionalidad se le debe de imprimir a las causas justas y dignas, no asumo bajo ninguna razón que el fútbol se contraponga a la lucha social, en cambio, considero se complementan. Sin embargo y a pesar de los buenos ánimos que se respiran gracias al desempeño del combinado nacional, no podemos ignorar que esta competencia está sirviendo para que gobiernos como el de Felipe Macías se laven la cara y aprovechen hasta el partido más “molero” para hacerse promoción personal, aunque queda claro que ni 10 mundiales van a salvar al Partido Acción Nacional de Querétaro de vivir uno de sus descalabros más estripotoso de su historia.

Y justo aquí es donde le pregunto a usted estimado lector, lectora, ¿Y si si?, ¿y si en 2027 logramos sacudirnos la malaria que ha infestado a Querétaro durante décadas? Si logramos sacar de una vez por todas a los clanes familiares arraigados a la Casa de la Corregidora e inicia una nueva etapa de gobierno popular con la legitimadad del respaldo del pueblo, sin la inercia de convertir la administración pública en un semillero del nepotismo local. Soñar no cuesta nada, pero convencido estoy de que por lo menos la izquierda queretana hoy sueña despierta porque se encuentra ante un escenario irrepetible, el escenario donde después de toda una vida de lucha triunfa con contundencia de la mano de un candidato poco convencional, académico antes que político, reservado antes que aficionado a los reflectores, mesurado en el triunfo y sereno en las tempestades, cualidades y virtudes que Gilberto Herrera ostenta y que lo han convertido en la pesadilla del panismo local, sin pagar encuestas, espacios publicitarios o la benevolencia de supuestos líderes de opinión, ha logrado generarle un insomnio sin cura al gobernador Mauricio Kuri.

El Otro Querétaro ya sabe su importancia y relevancia en la vida pública del estado, por ello no hay marcha atrás para el, sabe que la organización y participación en las próximas elecciones se traducen en una cita con la historia a la cual no pueden permitirse faltar y por vez primera ven el triunfo en las manos de la gente que ya no toleramos un segundo más de mal gobierno.

Hoy por la mañana se estará registrando Gilberto Herrera como coordinador de la transformación en Querétaro, palabras más, palabras menos, se inscribe para ser nuestro candidato a gobernador, el único y con seguridad lo digo, que puede ganarle al aparato estatal y a los peores vicios que el panismo ha instalado en la entidad, sus aspiraciones son la causante de largas de horas de ansiedad para la dirigencia estatal azul y para quienes hasta hoy se creen dueños del estado y que visualizan en el triunfo de Herrera el fin de décadas de privilegios a costa de las y los queretanos.

Desde hoy, recuérdenlo bien, la esperanza camina en Querétaro y en poco menos de un año estaremos siendo testigos de como el ¿Y si si? Se convirtió en una realidad en un estado que lleva secuestrado años por una camarilla de mafiosos que tiene los días contados.

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