Hace algunos años era difícil de creer que el ocaso del PRI en la política nacional estaba cerca, con un México lastimado y gobernado desde la más alta corrupción, y de la mano de Enrique Peña Nieto y sus cercanos, el priismo parecía contar con la fortaleza suficiente para continuar en el poder, siempre con la complicidad de las autoridades electorales y con comicios manchados por la sombra del fraude, misma que en más de una ocasión le arrebató al pueblo mexicano la posibilidad de dar un golpe de timón para enderezar el camino del país.
Con seguridad las elecciones de 2017, en las que la maestra Delfina Gómez vivió en carne propia el agrio sabor del fraude, fueron el primer foco de alerta para el partido tricolor, ya que dicha jornada beneficiaba a la candidata de Morena, como la electa por el pueblo mexiquense. Desafortunadamente para las y los ciudadanos de aquella entidad, el dinosaurio tenía vida suficiente para mantener por lo menos seis años más el control de uno de los estados más importante de la República Mexicana en todos los ámbitos. La historia la conocemos, el triunfo de Alfredo del Mazo poco ayudó a los planes tricolores y de la derecha en general al año siguiente; sin embargo, la vida da revanchas y hoy tanto Delfina, como el partido obradorista, pero principalmente la ciudadanía mexiquense, tienen en sus manos la posibilidad de acabar con una dictadura local de más de 90 años y por vez primera, hacer válida su voluntad de cambio.
Es importante no perder de vista que el PRI sabe que se encuentra en terapia intensiva, los pronósticos para los pocos simpatizantes que tienen son poco alentadores y la esperanza de mantener su bastión se esfuma a gran velocidad desde aquel julio de 2018.
Actualmente están en la antesala de lo que puede ser su mayor derrota electoral y el último puño tierra que termine por sepultar los restos de un partido que saqueó las arcas de la nación sin resquemor alguno, que remató los bienes de la población al mejor postor, siempre sacando beneficio de esos actos de entreguismo, al mismo tiempo que mantenía el control del país a través de la brutal fuerza del Estado y de la persecución de todo aquel que se atreviera a disentir de la postura oficial, sin dejar de lado su silencio cómplice durante el sangriento periodo panista y la continuidad al proyecto de narcoestado de autoría blanquiazul. Con este antecedente, la militancia morenista no debe caer en falsas confianzas, el priismo conoce su zona y por lo menos durante nueve décadas ha sabido mantenerla, cada vez menos, pero el apetito de poder tricolor es voraz y recurrirán a cualquier bajeza con tal de no ver cómo su partido se acerca al momento donde su único papel en la política nacional se reduce a ser un testigo más de las decisiones trascendentales en la vida pública nacional.
Estamos ante la histórica oportunidad de decirle adiós al cáncer más letal para la nación, la elecciones mexiquenses pueden ser el final de un partido que con cada decisión laceraba un país que no aguantaba un día más del PRI en el poder. No hay que dar ni un paso atrás, el basurero de la historia les espera a los que durante casi un siglo vivieron del atraco a la nación.