Cuando pensamos en el PAN podemos visualizar diferentes escenarios, uno de ellos lo relaciona directa y extremadamente cerca a los grupos más conservadores dentro de la clase política nacional, simpatizantes de la intolerancia ante aquello que desde su óptica es incorrecto o antinatural. Están muy lejos interesarse por la agenda de grupos de la comunidad LGBTQ+ y de otros grupos sociales que desde hace décadas defienden y pelean por el respeto a sus derechos humanos; su relación con nuestros pueblos originarios se reduce a una coyuntura meramente electorera o publicitaria, por lo menos en la práctica.
Desde su origen el partido blanquiazul parece ser un semillero de empresarios que buscan ser políticos o de políticos que, haciendo uso de posiciones en espacios de gobierno, deciden incursionar en el vasto mundo empresarial en donde en más de una ocasión hemos podido atestiguar cómo de forma meteórica los que un día eran candidatos, al poco tiempo forman parte de la élite económica.
Revisando la historia y origen del mismo partido, nos encontramos que su fundación data del año 1939, como una alternativa opositora al poder posrevolucionario de México, curiosamente su nacimiento se da sólo un año después de una de las gestas heroicas más importantes de la historia contemporánea de nuestro país, la expropiación petrolera, suceso en el cual el presidente Lázaro Cárdenas defendió y blindó la soberanía nacional con la nacionalización de la industria petrolera, misma que pudo cristalizarse gracias a la colaboración del pueblo mexicano. El nacimiento del panismo a nivel nacional vivió un proceso acelerado al ver que las luchas de la clase trabajadora tenían éxito, grupos empresariales y abogados cercanos al poder y a la iniciativa privada extranjera como Manuel Gómez Morín se avocaron en hacer madurar a un PAN que recién nacía para que eventualmente representara una alternativa política con suficiente fuerza, que le permitiera durante varias décadas colaborar desde la subordinación con el PRI, en pocas palabras, el Prian siempre ha existido.
Ya en el siglo XXI, al PAN se le vincula con el nacimiento de un narcoestado, principalmente durante 2006 y 2012, hasta llegar al presente, donde no solamente se le visualiza como una agrupación que busca descarrillar al gobierno progresista representado por la 4T, sino como una oposición sin pies ni cabeza, con la moral por los suelos y con más fracasos que triunfos, electoralmente hablando. Hoy el PAN está como en su origen, totalmente distante de las causas populares y centrado en el beneficio de un acotado grupo que extraña poderle meter mano a las arcas de la nación y con ello sentir que el país es un botín que se pueden repartir a placer. Lo del cartel inmobiliario apenas es el inicio de una red de corrupción que parece no tener fin, imaginen la magnitud que hasta el propio Calderón lo señaló en su libro Decisiones difíciles. En fin, tiempo al tiempo, la ciudadanía, consciente de su poder, difícilmente beneficiará la coalición encabezada por los blanquiazules en la lucha electoral por la Presidencia en 2024.
























