Cada justa mundialista la narrativa es la misma "jugamos como nunca, perdimos como siempre" o el clásico" esta selección no juega a nada", pero qué hay detrás de este tipo de expresiones que lejos de representar un desánimo justificado, pareciera atender más una necesidad de cobijo y protección ante la crónica de una desilusión anunciada. El fútbol pasa por la transición que el espectáculo de la música vivió y se consumó en la última década, desafortunadamente el “show del balompie” se está convirtiendo en una recreación para las élites y en ese aspecto "Poderoso caballero es Don Dinero" obedeciendo al nauseabundo orden del modelo económico neoliberal.
Sin embargo la FIFA y los intereses corporativos internacionales no han podido quitarnos la alegría de alentar a nuestra selección, porque el fútbol en México y Latinoamérica ha representado por años un rectángulo donde el pobre le puede ganar al rico. Dentro de la cancha el sueño de ganar es de 22, pero solo 11 podrán cumplirlo, entre habilidades y azar, al final de poco más de 90 minutos solo una escuadra se llevará un triunfo que vale más que una estadística, es el orgullo del equipo que representas, ya sea ese que se arma a la orilla del llano o la selección de un país que juega con la esperanza de millones.
No es coincidencia que México viva con pasión desbordada las justas mundialistas, nuestra nación ha forjado su historia entre intervenciones extranjeras, nos robaron más de la mitad de territorio y después desde Austria llegó un nacido en Viena a intentar gobernarnos a petición de esas mismas élites que hoy asisten sin empacho a un encuentro cuyo boleto vale decenas de miles de pesos, también hemos crecido bajo la afrenta cultural de la corrupción normalizada, nos repiten una y otra vez que “él que no tranza, no avanza” y bajo esa máxima el PRI saqueo las arcas nacionales casí durante un siglo, hemos caminado bajo la zozobra de tener gobiernos represores y genocidas, los mismos que organizaron un mundial en 1970 con la penumbra y la pena de miles de asesinados y desaparecidos dos años antes en la misma ciudad donde Edson Arantes Do Nascimiento "Pelé" se coronara como "O Rei", inclusive en este 2026 vivimos un presente crónico, por un lado las consecuencias de treinta años de neoliberalismo pasan su factura al magisterio nacional y son la motivante de las movilizaciones que observamos en los medios de comunicación, los mismos que en su momento aplaudían de manera sincronizada a las administraciones que condenaron el futuro de millones de mexicanos, no puedo dejar de lado la gran deuda del Estado Mexicano con las y los desaparecidos, desafortunadamente ningún protocolo ha sido útil para tener avances reales en una crisis humanitaria que debería indignarnos y movilizarnos todos los días, la realidad es que falta voluntad política para asumir los grandes pendientes en esta materia.
Por otro lado México vive un ataque sin precedentes por parte de Estados Unidos, la época electoral que vivirán los “gringos” en unos cuantos meses, ha intensificado las agresiones políticas e intervencionistas de nuestro vecino del norte contra nuestra soberanía. El mundial no cambia nada de raíz, México fue condenado por Enrique Peña Nieto para ser sede de una competencia que no necesitábamos y hoy Claudia Sheinbaum tiene que sortear la realización de un evento con el que ni siquiera se identifíca.
Este mundial nos dejará lecciones, sobre todo aquellas relacionadas con la imperante necesidad de defender nuestro derecho a creer, no solo en la selección, sino en un México más justo, con mayor equidad, donde los compromisos de la clase política sean algo más que saliva y palabras vacías. A modo de cierre, decido creer que vivir un tercer mundial en territorio mexicano es histórico, pero de nada sirve que la pelota vuelva, si no vuelven las personas desaparecidas, de nada sirve una copa si no hay dignidad en la vida diaria. Al final, el fútbol es nuestro, no de la FIFA, ni del gobierno y sus intereses, desde la trinchera de las letras, le mando un sentido “Fuck Trump” al más grande de los idiotas de la historia reciente y por ningún motivo olvidemos que la pelota no se mancha.
Exdiputado de Morena