El envío de ayuda humanitaria de México a Cuba, que llegó a la isla el viernes pasado, representa un claro gesto de solidaridad hacia un pueblo hermano. Este acto abrió la puerta para que otras naciones como Rusia y Chile se sumaran al apoyo, tal como lo anunciaron recientemente. Sin embargo, a pesar de estos esfuerzos, la presión económica persistirá mientras el presidente Donald Trump mantenga su propósito de provocar el colapso del régimen político en Cuba. Incluso, existe el riesgo de que, ante la respuesta de ayuda internacional, se fortalezca su determinación de continuar con su embestida y no retroceder.

El jueves 29 de enero, Trump firmó una orden ejecutiva que impondría aranceles a cualquier producto proveniente de países que vendan o suministren petróleo a Cuba. Con esta acción, buscaría ejercer presión sobre el pueblo cubano para forzar al gobierno encabezado por Miguel Díaz-Canel a dimitir en favor de los intereses de la política estadounidense.

En este escenario, la decisión de México, Chile y Rusia de desafiar el bloqueo implica motivaciones y riesgos diferentes para cada nación.

La presidenta Claudia Sheinbaum avanza con cautela, aunque manteniendo una posición delicada. En lugar de enviar petróleo para evitar una confrontación directa con la administración de Trump y posibles sanciones, opta por mandar más de 814 toneladas de víveres e insumos, principalmente alimentos básicos y artículos de higiene personal. De este modo, México protege la histórica política de solidaridad con Cuba y refuerza una imagen como líder regional autónomo y humanitario.

Claudia Sheinbaum toma esta decisión en un momento crucial, ya que la revisión del T-MEC con su principal socio comercial de México está en juego. En estas condiciones, la imposición de cualquier arancel de represalia podría generar consecuencias devastadoras para la economía mexicana.

El respaldo de Chile a Cuba se otorga de manera estratégica, empleando una “vacuna política” que inmuniza la ayuda frente a los cuestionamientos internos de los opositores como ante la administración de Donald Trump. Al canalizar el apoyo a través de organismos multilaterales como la UNICEF (Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia), justifica que se trata de una ayuda dirigida a la infancia.

El principal riesgo para el presidente Gabriel Boric es doméstico. Su impacto podría reflejarse en el rechazo impopular entre diversos sectores de la sociedad chilena, especialmente ante el inminente cambio de gobierno en los próximos días.

Por último, aunque para Rusia el riesgo económico es reducido debido al escaso intercambio con Estados Unidos, existe un peligro inminente. La posibilidad de que milicias estadounidenses intercepten sus buques petroleros en el Caribe, lo que podría detonar una escalada significativa de tensiones.

No obstante, este escenario representa la oportunidad para el presidente Vladímir Putin de consolidarse como el aliado incondicional de Cuba y desafiar abiertamente al gobierno trumpista.

Para concluir, solamente destacar que, pese a los intentos de Claudia Sheinbaum por posicionarse como mediadora entre EU y Cuba, el propósito de Trump no es negociar, sino provocar el colapso del régimen cubano.

Posdoctorada por la Universidad de Yale

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