La presidenta Claudia Sheinbaum no elevó el tono de su voz para convencer al mundo de la postura política de México frente a la barbarie perpetrada contra el Sur Global –término que integra a países de América Latina, el Caribe, África y gran parte de Asia y Oceanía–. Su intervención en la IV Cumbre en Defensa por la Democracia en Barcelona fue una muestra contundente de su peso político y liderazgo. No buscó el aplauso entusiasta, su mensaje estuvo dirigido a mover estratégicamente las piezas del ajedrez diplomático de manera discreta, pero contundente.
La capacidad para “descongelar” la relación bilateral con España resulta clave en este sentido. Se trata del segundo país inversor en México, solo detrás de Estados Unidos. Tras el “impasse” diplomático generado por la exigencia de disculpas por la “Conquista” por parte del presidente Andrés Manuel López Obrador en 2021, la presidenta al viajar a Barcelona, adopta una postura de “borrón y cuenta nueva”. Con esta acción, se reactivan agendas económicas y de cooperación judicial que habían permanecido detenidas.
El papel de México como “puente” en el escenario global es otra de las estrategias promovidas por Claudia Sheinbaum. México comparte más de 3 mil kilómetros de frontera con Estados Unidos y se posiciona como el principal socio comercial de la mayor economía mundial. Esta ubicación estratégica lo convierte en un actor clave dentro de las cadenas de suministros globales.
En este contexto, proyectos como el Corredor Interoceánico del Istmo de Tehuantepec representan una alternativa al Canal de Panamá para facilitar el comercio entre Asia, la costa este de EE. UU. y Europa. La prosperidad y el desarrollo del sur en México están estrechamente ligados a los flujos migratorios regionales, lo que le otorga una posición determinante en uno de los temas más sensibles de la agenda global. Así, cuando la presidenta plantea en la Cumbre de Barcelona la iniciativa de “Sembrar vida y no guerra”, se consolida como la voz del Sur Global, capaz de dialogar “tú a tú” con el Norte Global y aprovechar su relevancia para impulsar una agenda de paz y desarrollo en los foros internacionales.
El anuncio sobre la decisión de que México sea la sede de la Cumbre de 2027 representa un claro relevo en el liderazgo progresista. Hasta ahora, Pedro Sánchez (España) y Gustavo Petro (Colombia) habían fungido como anfitriones. El hecho de que la presidencia ahora recaiga en México, apunta un desplazamiento del eje de la alianza progresista hacia nuestro país. Claudia Sheinbaum asumirá la responsabilidad de definir la agenda en los próximos tiempos, consolidando la influencia mexicana en el escenario internacional y reafirmando su papel como referente progresista.
Un aspecto de gran relevancia que destaca el liderazgo de la presidenta en la IV Cumbre de Barcelona es su firme insistencia en defender los principios de la soberanía cubana. Precisamente en este punto, el peso político de México se convierte en un liderazgo ético que va más allá de lo comercial y geopolítico.
Sheinbaum conquistó Barcelona con serenidad y elegancia. Pero, sobre todo, contribuyó a afianzar la fuerza de los gobiernos progresistas en un momento crucial para el mundo entero.
Doctorada en Ciencias Políticas y Sociales por la UNAM y Posdoctorada por la Universidad de Yale