La ultraderecha global busca desmantelar los derechos que las mujeres han conquistado a través de la histórica lucha del movimiento feminista. En este escenario, no solo enfrentan a un adversario político, sino también un proyecto de sociedad ultraconservador que fundamenta su poder en derrumbar los pilares que impiden la consolidación de su dominio absoluto.

Ante la opresión ejercida por un poder omnipresente y su violencia, la resistencia y determinación de las mujeres convirtieron el movimiento feminista en el apoyo principal para la defensa de sus derechos y respeto a su dignidad. No obstante, ante al avance de la ultraderecha, esta lucha exige replantear las estrategias de cara a los nuevos desafíos.

No basta con proteger lo conquistado es indispensable adoptar una postura ofensiva, diseñando una estrategia integral que contemple tácticas orientadas a expandir y consolidar los derechos alcanzados.

El discurso de la ultraderecha impacta profundamente en mujeres que enfrentan condiciones de precariedad y discriminación racial al ofrecerles promesas falsas de seguridad y pertenencia. Un feminismo que no aborde temas como el acceso a la educación de calidad, a la vivienda, al trabajo digno y los salarios justos, deja un vacío que los sectores ultraconservadores aprovechan para imponer su narrativa identitaria y excluyente.

Sin embargo, la lucha feminista no es aislada; un feminismo genuino debe confrontar el racismo, la explotación de la clase trabajadora, la devastación ambiental, así como levantar la voz contra la guerra y el genocidio. Por ello, es importante tejer alianzas amplias, transversales e interseccionales.

Otro aspecto central es comprender que no es suficiente con presentar datos correctos para combatir la desinformación; también es necesario disputar los relatos. Explicar de forma sencilla y accesible que hablar de género no implica adoctrinar, sino ofrecer herramientas que ayuden a comprender las desigualdades y prevenir la violencia. La clave está en salir del espacio exclusivo de la “intelectualidad” y llevar estas conversaciones a la vida cotidiana.

Un eje fundamental de la estrategia es recuperar el verdadero sentido de la libertad, un concepto que la ultraderecha desvirtuó al reducirlo únicamente a la “libertad de mercado” y a la “libertad de oprimir”. El feminismo debe reivindicar la libertad no solo como la autonomía de las mujeres para decidir sobre su propio cuerpo, sino también como un principio político que impulse “la singularidad al interactuar con otros iguales, pero distintos, en el espacio público”, donde se promueva y resguarde el bien común.

Reflexionar sobre la resistencia de las mujeres frente al avance de la ultraderecha global no solo implica levantar un dique de contención; implica también la urgente necesidad de construir una alternativa real de sociedad. Para lograrlo, es indispensable apostar por un feminismo más radical que busque transformar de raíz las estructuras sociales, económicas y políticas, alejándose del feminismo liberal corporativo y superando la meta de alcanzar únicamente la igualdad de género. Se trata de luchar por la dignidad y por una vida que valga la pena ser vivida.

Doctorada en Ciencias Políticas y Sociales por la UNAM y Posdoctorada por la Universidad de Yale

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