La semana pasada fuimos testigos de dos acontecimientos reprobables que se difundieron ampliamente a través de redes sociales. Por un lado, circuló un video compartido por el presidente Donald Trump, en el que se representa al expresidente de Estados Unidos, Barack Obama, y a su esposa como simios. Por otro lado, se viralizó una imagen en la que colaboradores limpian los zapatos al ministro presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN), Hugo Aguilar Ortiz. Aunque a simple vista parecen fenómenos distintos –el primero vinculado al racismo y el segundo a una marcada jerarquía de poder–, en realidad ambos muestran dos puntas de la misma madeja.
Dentro del tejido social, el racismo y las jerarquías de poder avanzan por la misma vía fusionándose para reproducir sistemas de desigualdad. Estos mecanismos no sólo normalizan y perpetúan estructuras de poder injustas mediante la deshumanización –el racismo explícito de Trump– o de humillación jerárquica –como lo evidenció el episodio de la SCJN–, sino que también profundizan un problema sistémico que genera daños concretos y persistentes.
El video racista que superpone los rostros de Barack y Michelle Obama sobre cuerpos de simios recurre al estereotipo histórico de deshumanización, al comparar a los grupos afrodescendientes con primates. Esta representación busca despojarlos de su racionalidad y negarles su condición humana. Deshumanizar a las personas es el paso previo necesario para justificar la violencia extrema (esclavitud, genocidio, segregación).
Al reducir a los grupos racializados a la categoría de “animalidad” o “bestialidad”, el racismo opera como una forma de “especismo” aplicada a los seres humanos, donde el sujeto hegemónico se sitúa por encima del resto. Por esta razón, el video difundido por Trump lo representa como el “león de la selva”, ante quien todos los demás animales se inclinan.
No es un asunto menor que el presidente de Estados Unidos, quien ocupa la posición de mayor jerarquía de poder, publicara en sus redes sociales un video de este tipo. Aunque sus voceros intentaron restarle importancia asegurando que se trataba únicamente de un “meme”, tardaron diez horas en retirarlo.
La presentación de este hecho como “banal” y sin importancia favorece la normalización del despojo de la humanidad de personas afrodescendientes. Cuando esto ocurre, la industrialización de su muerte opera como algo natural o legítimo y no como una atrocidad.
En otro escenario, aparece la imagen donde los colaboradores limpian los zapatos al presidente ministro de la SCJN, lo que representa una escena de servidumbre y contribuye a normalizar privilegios dentro de una institución que se comprometió a ser garante de la igualdad.
El episodio pone de manifiesto una contradicción entre la figura de superioridad proyectada y el discurso de austeridad y cercanía prometido por la nueva SCJN, lo que refuerza la percepción de que las diferencias de poder se utilizan para justificar actitudes de superioridad.
Aunque el racismo y las jerarquías de poder son fenómenos distintos, coinciden en que ambos sistemas de dominación se sostienen sobre la deshumanización para establecer y mantener un orden social desigual.
Doctorada en Ciencias Políticas y Sociales por la UNAM y Posdoctorada por la Universidad de Yale

