En tan sólo diez días, las redes sociales fueron “tomadas” por la propaganda de Samuel García, después de anunciar que participaría como precandidato a la Presidencia de la República por Movimiento Ciudadano (MC). Con el apoyo de su esposa, la “influencer” Mariana Rodríguez, hoy precandidata a la alcaldía de Monterrey, instrumentaron un despliegue “tik-tokero” que lo situó como protagonista del actual escenario político.

Independientemente de su falta de pericia política para negociar con el Congreso de Nuevo León –tomado por el PRIAN– para asignar a su suplente, que lo obligó a abandonar sus aspiraciones y regresar a su cargo de gobernador, esta experiencia reveló una nueva forma de hacer política: la “realpolitik-tok”.

En ciencia política, la “realpolitik” se refiere a la “manera real” o pragmática de hacer política en situaciones determinadas, alejada de premisas éticas y morales. Noción contrapuesta al concepto de política que los pensadores griegos clásicos entendían como un ideal de acción colectiva de los ciudadanos para impulsar el bien común.

Ciertamente, la “realpolitik-tok” es heredera del pragmatismo y desapego ético y moral, a lo que añade la propaganda política digital dispersada a través de redes sociales dirigida a quienes están dispuestos a seguir a los que ofrecen “recetas para lograr el éxito” a cambio de “likes”, que adquieren la forma de votos en periodos electorales en favor de personajes que, sin ningún reparo, aguijonean el apetito “deseante” e intensifican la idea de perseguir la felicidad con entusiasmo acrítico.

La propaganda “tik-tokera” manipula las carencias y los deseos de las personas con imágenes “atractivas”, discursos vaciados de contenido y canciones “pegajosas”, creando la expectativa de que con voluntad y creatividad se pueden lograr cosas maravillosas.

Detrás de esta configuración aspiracionista-deseante aparecen tintes con un discreto barniz de esotería y autoayuda, embozados de “un futuro nuevo y apasionante” que viene a paliar la frustración de quienes tienen pocas posibilidades de mejorar su calidad de vida.

Pero, por qué tienen éxito estos personajes que juegan con máscaras, ilusiones y formas aparentes. A juzgar por sus actos, representan la “banalización de la política” basada en la idea de que los productos de consumo devienen utensilios de autorrealización y libertad. Después de todo, la vulgarización de la política es la marca de identidad de las actuales “democracias”.

Las turbulencias políticas que marcan el presente, atravesadas por un mundo convulso, lleno de incertidumbre y sufrimiento, no constituyen el centro de la preocupación de los improvisados políticos “tik-tokeros”.

La receta ofrecida por la “realpolitik-tok” para superar los tiempos que corren se sintetiza en la siguiente frase: “cultiva tu mente con la misma disciplina con la que un ‘fit’ cultiva su cuerpo”, lo que supone aceptar sin disimulo un cierto conformismo, basado en el endurecimiento superficial del espíritu, que termina despojando a las personas de su capacidad para impulsar cambios políticos en el apabullante territorio de los privilegiados.

Doctorada en Ciencias Políticas y Sociales por la UNAM y Posdoctorada por la Universidad de Yale

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