Concepción Delgado Parra

Movilización juvenil: recuperar la política más allá de la “cuestión social”

Las intensas movilizaciones juveniles que se desarrollan actualmente en distintas partes del mundo ponen de relieve una idea fundamental de la pensadora Hannah Arendt: la política surge cuando personas diversas se reúnen, dialogan y actúan en torno a un asunto común.

Las protestas estudiantiles en Francia, por ejemplo, reclaman mejores condiciones para la educación pública, como la contratación de más docentes, una mayor inversión en infraestructura y la adopción de medidas para reducir las desigualdades educativas.

Por su parte, decenas de miles de jóvenes se movilizan en Alemania contra una serie de medidas que podrían abrir el camino al restablecimiento del servicio militar obligatorio. Aunque la nueva legislación mantiene inicialmente el reclutamiento voluntario, también establece registros y evaluaciones médicas obligatorias, además de facultar al Parlamento para activar la conscripción si no se alcanzan los objetivos de incorporación militar.

La defensa del derecho a la vivienda llevó a las juventudes a instalar campamentos temporales en plazas de Madrid, Barcelona, Valencia, Málaga, Zaragoza y otras ciudades españolas. Lejos de ser meros escenarios de protesta, estos espacios funcionan como lugares de asamblea, deliberación y organización colectiva, y recuperan prácticas vinculadas al movimiento 15-M.

Estas acciones pueden comprenderse a partir de la crítica de Arendt referida al desplazamiento de la política por la “cuestión social”. Al llevar al espacio publico problemas considerados privados –como la imposibilidad de pagar una vivienda, la precariedad educativa o el servicio militar, que denuncian como una estrategia para enviarlos a la guerra en defensa de intereses políticos y financieros–, los jóvenes dejan de asumirse como beneficiarios de la respuesta estatal y se afirman como ciudadanos capaces de intervenir en la construcción de un mundo común.

Cuando la política se limita a gestionar necesidades, beneficios y poblaciones, la ciudadanía pierde su capacidad de deliberar y decidir colectivamente sobre los asuntos públicos. En consecuencia, la “cuestión social” –entendida como el conjunto de necesidades relacionadas con el hambre, la pobreza y la reproducción material de la vida–, ocupa el centro de la esfera política y desplaza la acción ciudadana.

Los riesgos de este desplazamiento se reflejan en el ascenso de las ultraderechas, favorecido por el debilitamiento de las organizaciones colectivas, la precariedad y la competencia social, el reemplazo de la deliberación pública por la tecnocracia, la construcción de “chivos expiatorios”, el uso político del miedo y el resentimiento, y la creciente desconfianza en los hechos frente a las interpretaciones ideológicas y noticias falsas.

Las movilizaciones juveniles hoy enfrentan el avance de las ultraderechas mediante la acción política colectiva. Al ocupar las calles, rompen el aislamiento y muestran que la inclusión social, por sí sola, no garantiza una ciudadanía activa. Ante una política reducida a administrar necesidades, reivindican la participación en los asuntos públicos y recuerdan que la democracia se sostiene cuando la ciudadanía actúa, delibera y decide sobre su porvenir común.

Te recomendamos