Las jornadas de resistencia y la huelga general en rechazo a la violencia ejercida por el ICE, conocidas como “ICE Out”, realizadas el 30 y 31 de enero en Minneapolis y otras ciudades de Estados Unidos, tuvieron un impacto notable al desafiar el avance de las políticas antiinmigrantes impulsadas por el gobierno de Donald Trump.
Previo a las manifestaciones masivas de este fin de semana se registraron varios eventos significativos. El 7 de enero, durante un operativo coordinado, un agente del ICE asesinó a la ciudadana estadounidense Renée Good. Posteriormente, los días 10 y 11 de enero, se realizaron cerca de mil manifestaciones en todo el país tras este deleznable acto. El 23 de enero decenas de miles de personas participaron en el “paro económico” y en una masiva manifestación, sumándose el cierre de 700 negocios en señal de apoyo. Finalmente, el 24 de enero, agentes federales asesinaron a quemarropa a Alex Pretti, un enfermero estadounidense que brindaba auxilio a una mujer en el suelo que había sido rociada con gas pimienta.
La muerte de Pretti reavivó las protestas locales y generó una fuerte protesta pública en todo el país, lo que llevó al gobierno de Trump a destituir a Greg Bovino, controvertido jefe de la Patrulla Fronteriza, y a nombrar en su lugar al zar de la frontera, Tom Homan, con el objetivo de reducir la tensión en la operación de Minneapolis. Decisión que representa un retroceso por parte de la administración trumpista en las operaciones realizadas en Minnesota.
El 1 de febrero, el presidente ordena al Departamento de Seguridad Nacional que no intervenga en las protestas que se realicen en ciudades gobernadas por demócratas, salvo que las autoridades locales soliciten expresamente su participación. Determinación que constituye otro indicio del proceso de desescalada instrumentado en Minneapolis.
Las jornadas de resistencia iniciadas en Minneapolis muestran que una defensa efectiva se construye cuando diversos frentes colaboran y actúan de manera conjunta: la fuerza colectiva del trabajo organizado desde los sindicatos, la desobediencia civil guiada por principios éticos ciudadanos y la red comunitaria tejida en torno a la solidaridad entre vecinos. La característica de este movimiento reside en su capacidad para fortalecer el tejido social cotidiano de la ciudad.
A un año de iniciado el segundo mandato de Trump, por primera vez somos testigos de un movimiento que establece un límite a su administración, poniendo un alto a las acciones inhumanas dirigidas contra los inmigrantes y contra los ciudadanos estadounidenses que muestran solidaridad con esta causa.
Sin embargo, el movimiento atraviesa un momento crucial. Aunque el gobierno implementó tácticas de desescalada que podrían reducir la violencia de forma superficial, las exigencias de justicia siguen sin atenderse. Frente a esta situación, la resistencia recurre a métodos más confrontativos como la desobediencia civil. Ante este panorama surge una preocupación real, ¿cuál será la respuesta de Donald Trump?
Doctorada en Ciencias Políticas y Sociales por la UNAM y Posdoctorada por la Universidad de Yale

